lunes, 10 de octubre de 2011

Dante, Don Bosco y los ángeles tibios... La dimisión del Papa. (II)

Y, cual persona cauta, él me repuso:
«Debes aquí dejar todo recelo;
debes dar muerte aquí a tu cobardía.

1. La percepción de la tibieza en la Divina Comedia.

Les había dejado una entrada del blog Ex Orbe donde podían apreciar hasta que punto fue sonada una dimisión del Papa y entendida por Dante como acto de tibieza que le hacía poner al Papa Celestino V en la legión de almas tibias que están fuera del infierno, dando vueltas sin parar al mismo sin llegar al purgatorio o al cielo. Celestino, un ermitaño y amigo de la vida austera y penitente, fue canonizado posteriormente, pero eso no es óbice para que Dante señale poéticamente su miseria al renunciar de su oficio de piloto en la Barca de Pedro.
Es este un punto interesante, pues nos muestra que a pesar de reconocerse una vida santa en alguien, se le puede criticar en aquellos actos que son reprobables y en los que no se presenta como ejemplo. Esto en teología espiritual ha dado a hermosos libros sobre los defectos de los santos. Un punto muy ignorado por la falsa devoción de tantos que entiende en los santos poco más que superhombres incapaces de error o pecado alguno. ¿No decía acaso Don Bosco que temía que la casa se hundiera sobre sus muchachos y él mismo si les contaba sus pecados? Parece necio repetirlo, pero santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta de sus caidas. Si esto se entendiera bien, tal como ha sido siempre en la mente católica, casos hodiernos sangrantes como el pontificado de Juan Pablo II no causarían problemas, pues el beato puede perfectamente haber cometido errores y tener defectos como cualquier hombre, sólo que al final de su vida ha predominado la caridad de modo excelso y quizás en un momento en que ya apenas podía regir los destinos de la Iglesia con toda su voluntad. Ese final de siervo doliente parece algo similar al final del mismo San Celestino, que no murió asesinado como se cuenta, pero sí vivió sus últimos años de modo ejemplar, sin la debida libertad, enfermo y confinado por su sucesor Bonifacio VIII no fuera a ser que lo elevaran como antipapa. Como se dice: en el pecado llevó la penitencia. No quiso sufrir siendo Papa y tuvo que sufrir el dejar de serlo.

Dante es un autor singular. Es el único artista católico, el único poeta, que ha merecido una encíclica por parte del magisterio. Y es que es un autor singular porque su obra es singular. Después de la Biblia no hay nada como la Divina Comedia para mover al pueblo a la virtud y al amor a la Iglesia y transmitirle con toda sencillez las enseñanzas de la más alta teología escolástica y la doctrina católica. La encíclica es de Benedicto XV y las alabanzas magisteriales impresionan para no ser Dante una persona canonizada ni doctor de la Iglesia. Lamentablemente no hay traducción al español. Pongo aquí el enlace en la versión inglesa de la página de la Santa Sede de la encíclica In Praeclara Summorum.

Veamos como Dante aborda la tibieza y su castigo en su obra al llegar al infierno y nada más cruzar la puerta del mismo :

Con el terror ciñendo mi cabeza
dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho,
y quién son éstos que el dolor abate?» 

Y él me repuso: «Esta mísera suerte
tienen las tristes almas de esas gentes
que vivieron sin gloria y sin infamia. 

Están mezcladas con el coro infame
de ángeles que no se rebelaron,
no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. 

Los echa el cielo, porque menos bello
no sea, y el infierno los rechaza,
pues podrían dar gloria a los caídos.» 

Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto
y provoca lamentos tan amargos?»
Respondió: «Brevemente he de decirlo. 

No tienen éstos de muerte esperanza,
y su vida obcecada es tan rastrera,
que envidiosos están de cualquier suerte.

Ya no tiene memoria el mundo de ellos,
compasión y justicia les desdeña;
de ellos no hablemos, sino mira y pasa.» 

Y entonces pude ver un estandarte,
que corría girando tan ligero,
que parecía indigno de reposo.

Y venía detrás tan larga fila
de gente, que creído nunca hubiera
que hubiese a tantos la muerte deshecho. 

Y tras haber reconocido a alguno,
vi y conocí la sombra del que hizo
por cobardía aquella gran renuncia. 

Al punto comprendí, y estuve cierto,
que ésta era la secta de los reos
a Dios y a sus contrarios displacientes. 

Los desgraciados, que nunca vivieron,
iban desnudos y azuzados siempre
de moscones y avispas que allí había. 

Éstos de sangre el rostro les bañaban,
que, mezclada con llanto, repugnantes
gusanos a sus pies la recogían.

Para Dante la definición del tibio no es meramente espiritual o de vida interior. Hemos adquirido la costumbre de minimizar a la vida interior personal la vida del cristiano. Pero la vida del cristiano, su propia vida interior es también vida comunitaria ad extra. Vida social que surge de la misma vida interior. Y eso es así aunque se sea un ermitaño, cuya vida social se cumple en el amor de Dios por el cual se ha apartado de la sociedad. No se cuando, se redujo a la vida personal esta vida interior del cristiano, pero desde luego no fue en el periodo medieval. Hasta la Edad Media, la vida cristiana era eminentemente comunitaria, volcada a lo social. Hoy es al contrario. Incluso en el ámbito familiar se ha reducido esa dimensión comunitaria de modo que se tiende a vivir confundiendo la comodidad con lo que llaman el "espacio personal" y a la postre el dar rienda suelta a la propia individualidad egoista. Luego se preguntan porqué fracasan tantos matrimonios o porqué se tienen tan pocos hijos. Es obvio que para tales personas, el dejar poso en el mundo no se contempla si no es en vistas de tener una gran cuenta corriente o algo que incida sobre ellos como posesión personal, hijos incluídos. Poco a poco la inmensa multitud se acomoda a vivir sin gloria ni fama. Siendo del montón y no destacando para no perder lo poco que conserva y quiere conservar. Ni enemigos de Dios ni enemigos de sus enemigos. Ni siquiera merecen que en su suplicio eterno, Dante y Virgilio hablen más de ellos.

La tibieza así entendida es mucho más amplia que la usual restringida a la acedia espiritual en el orden de aquel que le da igual al alma el salir del pecado venial. En Dante esto se enseña de modo muy práctico en un no tener cobardía no sólo ante sí mismos, sino ante el qué dirán. El hombre virtuoso no teme salir fuera y aplicarse virtuosamente a la comunidad, ya sea para gloria y fama, ya sea para descrédito e infamia. No tiene miedo en su lucha por erradicar el pecado porque está decidido en esa lucha con obras internas y externas ¿Cuando hemos visto un santo que no haya sido odiado y amado y temido y perseguido por el mundo? Eso es lo que se llama ser signo de contradicción. Por tanto la tibieza en la Divina Comedia, más allá de una pía consideración espiritual, la tibieza adquiere un volumen trágico y actual. Trágico porque son ingentes, una larga fila que jamás hubiera creido ser tal. Actual, porque es el mal endémico de nuestros días: un cristianismo aletargado, acomodado y comodón. Acaso no quedan de Juan Pablo II esas palabras: "no tengais miedo..."

En esta concepción de la tibieza, puede darse un caso que no suele ser contemplado. El del que guarda celosamente sus normas de piedad y su propia santidad de modo que se convierte en un cobarde que no es capaz de arriesgar lo que el cree que es "su" obra por miedo a perderla. Esta es la tibieza de los que habiendo recibido un don de Cristo lo entierran en sí mismos para no fructificarlo en la sociedad. Veremos hoy ingentes católicos de grandes vidas de piedad en movimientos y asociaciones, pero que luego no son nada. Son cobardes hasta para dar una opinión por miedo a perder la caridad. Es la tibieza rectamente entendida en toda su amplitud, que cuando afecta a los que tienen tareas de gobierno da lugar a que el mundo, que jamás es tibio sino enemigo del alma, se apodere de las estructuras que debían ser santificadas.

Para terminar de resaltar este aspecto comunitario de la tibieza en Dante tenemos esa extraña referencia a los ángeles tibios: el coro infame de ángeles que no se rebelaron, no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. Para Dante, como para la tradición católica, la comunidad se extiende no solo por lo natural, sino por lo preternatural hasta lo sobrenatural. El hombre entra en comunión con los ángeles no sólo en su gloria, sino en su castigo. Volveremos sobre estos ángeles tibios que acompañan a estos tibios en su eterna condena sin merecer cielo ni siquiera dignos de ser admitidos al infierno dando vueltas eternamente en la antesala del mismo anhelando la vida que no vivieron y siguiendo al estandarte ligero que nunca reposa, símbolo de su voluntad indecisa.

¿Notan una remembranza del castigo de estos tibios fijos en el estandarte a las ideas de Juan Escoto Eriúgena sobre los condenados? Eurígena decía que el único castigo eterno de ángeles y hombres debe consistir en que Dios impedirá eternamente la tendencia de la voluntad a fijarse en las imágenes, conservadas en la memoria, de los objetos deseados sobre la tierra. Dante no duda en ponerles con la voluntad fija en una imagen mundana y vacía que nunca desearon (la de ceñirse a una causa). Podría ser y entonces sería otra muestra de la profundidad teológica de Dante en su obra que llega hasta la parodia especulativa. No obstante, ya que citamos a Juan Escoto Eurígena, no se pierdan una más que interesantísima audiencia del papa sobre este teólogo medieval lleno de ideas sorprendentes.

M.D.

1 comentario:

Eagleheart dijo...

Gracias por la parte II de este interesante tema, y la pregunta que surge (y pueden tenerla otros) es:

- ¿Cómo distinguir entre lo que es la cobardía de dar una opinión y la verdadera prudencia?

Si por ejemplo, en una plática alguien dice algo contrario a la Doctrina, que puede llevar al error a otros, y se sabe, ¿cómo saber si debo decir que es erróneo, sobre todo si la persona que lo dijo es de gran estima o es un Sacerdote y uno es un fiel laico?

Pienso yo que ahí lo que toca es encomendarse a Dios, que nos guíe en lo que hay que decir, y sobre todo hacerlo con la intención de dar gloria a Dios y por amor a las almas. si no se puede decirlo públicamente, entonces hacerlo privadamente.

Salu2. Paz y Bien.