viernes, 16 de diciembre de 2011

La propuesta de Roma a Fellay, la verdad del asunto.

Silvano aquí tú serás poco tiempo;
habitarás conmigo para siempre
esa Roma donde Cristo es romano.


Y tan es verdad que lo que publico es la percepción del asunto por Monseñor Fellay en el sermón de la Inmaculada del pasado 8 de diciembre tal como ha sido traducido oficialmente por la agencia DICI:

Las propuestas recientes de Roma
Ustedes se han enterado de que ha habido una propuesta de Roma, propuesta que dice: «Estamos dispuestos a reconocerlos a ustedes». El problema es que sigue habiendo una condición. Esta condición ha podido variar un poco en su formulación, pero en el fondo sigue siendo la misma. Esta condición es: hay que aceptar el Concilio. Podría resumirse la situación actual diciendo: «Sí, ustedes pueden criticar el Concilio, pero con una condición: primero hay que aceptarlo». Y nosotros decimos: «¿Que se puede criticar después?»
Creo que este es un resumen honesto de la situación actual. No es difícil describirles a ustedes nuestra respuesta.
Evidentemente, las fórmulas son cada vez más interesantes y cada vez más próximas a lo que decimos nosotros. Actualmente, estamos llegando a un punto que manifiesta la profundidad del problema. En esa famosa propuesta, se nos dice: «Ustedes se comprometen a reconocer que en los puntos del Concilio que plantean dificultad, el único modo de comprenderlos es entenderlos a la luz de la Tradición continua y perpetua, o sea, a la luz del Magisterio precedente». La luz de la Tradición es el único modo con el que se pueden comprender los puntos dudosos. Van incluso más lejos: «Cualquier proposición e interpretación de estos textos dudosos, que se opusieran al Magisterio perpetuo y continuo de la Iglesia, debe rechazarse…». Es lo que nosotros hemos hecho siempre. Pero hay un diminuto inciso que añade: «…como dice el Nuevo Catecismo»; ahora bien, el Nuevo Catecismo repite lo que dice el Concilio.
Dicho de otro modo, sobre el principio no podemos estar sino de acuerdo. En cambio, la aplicación es completamente opuesta. Ellos pretenden que están aplicando el principio, diciendo: todo lo que se hizo en el Concilio es fiel a la Tradición y está en coherencia con ella, ya se trate del ecumenismo o de la libertad religiosa. Esto les muestra a ustedes la gravedad del problema. Hay un problema en algún lado. No puede ser de otro modo. El problema radica en la comprensión de algunas palabras, y por supuesto éstas son: «Tradición» y «Magisterio». El modo con que ellos comprenden estas palabras es subjetivo. Desde luego, la palabra «tradición» se puede comprender eventualmente en el sentido de «transmitir»: el acto de transmitir. Es una transmisión. Pero el modo habitual de comprender esta palabra versa sobre su contenido. ¿Qué es lo que se transmite? ¿Qué es lo que se transmite de generación en generación? La definición clásica de la Tradición es «lo que se ha creído siempre y en todas partes» (Conmonitorio de San Vicente de Lerins). «Lo que» designa aquí el objeto. Pero ahora es como si se pasara del objeto al sujeto, no fijándose sino en quién transmite.
Por lo cual, nos hablan de «tradición viva», por que el que transmite, cuando transmite, está vivo. Ahora bien, la vida se mueve y cambia. Los Papas cambian… y, por consiguiente, la tradición cambia, pero sigue siendo la tradición. Se trata de la misma tradición, pero que cambia. La Iglesia ha considerado también este sentido, pero de un modo completamente secundario. No se refiere a esto cuando habla de la Tradición, sino a lo que se denomina el depósito de la fe, el conjunto de verdades que Dios ha confiado a la Iglesia para que lo transmita de generación en generación, para que las almas se salven. Se trata del contenido. Por esta razón, con la definición de la infalibilidad en el concilio Vaticano I, la Iglesia enseña que el Espíritu Santo fue efectivamente prometido a San Pedro y a sus sucesores, es decir, a los Papas; pero no fue prometido de tal modo que, mediante una nueva revelación, los Papas enseñasen algo nuevo. Fue prometido para que, con la ayuda del Espíritu Santo, San Pedro y los Papas conserven santamente y transmitan fielmente algo que no cambia, eto es, el depósito revelado.

(Fuente: FSSPX/Ecône – Transcripción y títulos de DICI – 14/12/11)

Dicho texto presente en francés desde el día de la Inmaculada, traducido al inglés hace un par de días y puesto hoy en español es sencillo y claro de entender.
 
  • A) Que las posiciones de los "teólogos romanos" y los de la Fraternidad no están de acuerdo en la interpretación teológica de magisterio y Tradición es evidente. De hecho la parte que sigue al subrayado en rojo no es más que la exposición de la posición de la Fraternidad, que resulta ser idéntica a la de Gherardini y casi con las mismas palabras. Es obvio que es una posición que se puede defender dentro de la legitimidad canónica, que no se le niega a Gherardini. Por tanto ahí no hay problema si se quisiera resolver el asunto.                                                                                                                                
  • B) El obstáculo real e inmediato ha sido dicho expresamente por Fellay: el inciso "como dice el catecismo..." sobra y no puede ser interpretado como que se le hace firmar a la Fraternidad una posición teológica cuestionada legítimamente por ella. Ya dije en su día en otro sitio que es una locura incorporar un catecismo (que siempre es una determinada visión teológica de las conexiones del dogma) para resumir el mínimo común exigible que hace a una persona católica en la aceptación de la Iglesia. Es obvio que quitado este obstáculo inmediato la Fraternidad podrá interpretar que entra en legítimo debate de "los puntos en cuestión del concilio" (no es el concilio entero como siempre tratan de desinformar) que no le hacen perder legitimidad canónica como no se la hacen perder a Gherardini.

Entiendo ahora tanto nerviosismo en ciertos sectores y citas sesgadas de este texto fundamental para entender el meollo del problema y presentarlo como una negativa total a aceptar el magisterio de la Iglesia por la Fraternidad.

El único problema es que en A entre los "teólogos romanos" figure el pensamiento del mismo Papa, pero entonces haría falta algo más que un no estoy de acuerdo con su teología, sino que debería poner en un acto de magisterio solemne y definido los principios teológicos que ahora no son más que interpretación de escuela para poder poner a quien piense distinto fuera de la comunión total de la Iglesia. O sea: debería darse al menos una condena solemne de la interpretación que hace Gherardini, por citar un ejemplo católico, del magisterio y la Tradición.  Esto es menos factible que el Papa decida de motu prorio regularizr a la Fraternidad.

De los teólogos romanos y sus interpretaciones del dogma tenemos otros momentos en la historia de la Iglesia, como el caso famoso de San Julián de Toledo y su no menos famoso apologético, que es muy similar a lo que está pasando ahora. Quizás el final que se depare es el mismo que nos cuenta la Crónica Mozárabe del 754 para aquel desencuentro de la sede primada de la floreciente Hispania visigoda con Roma.

M.D.

Además de incoherentes, tibios y mundanos.


dijo: «¿No sabes que estás en el cielo?
y ¿no sabes que el cielo es todo él santo,
y de buen celo viene lo que hacemos?



Si pierdes una moneda de cinco céntimos no le das importancia. A lo más dirían al que se pusiera a buscarla ¡qué exagerado! ¡qué ávaro! Si la pérdida es de un billete de cien euros, la cosa cambia un poco. Al menos es asumible que es una pérdida seria para el bolsillo medio del apenas mileurista o menos que tiene la mayoría.

Pues con esto de no dar importancia a los actos que por ser contra el culto y la religión son gravísimos y de primer mandamiento de ley natural pues pasa igual, sólo que como hoy en día la gente no tiene medidad de lo que vale la dignidad de Dios que es lo sagrado, pues acaba midiéndola por el valor que se le da. En estos casos y tantos de blasfemias e insultos y ataques, pues el valor que se le da pues apenas es nada. No debe ser muy importante eso que dicen creer cuando no les mueve a nada más que quitar importancia a todo o a meros comunicados de dolor o lamentación sin visibilidad "in re" del dolor o el lamento. Cinco céntimos, no más. Y los que cacareamos pidiendo más somos los pobres exágerados y ávaros.

Luego nos venden nuestros obispos magníficas homilías y planes pastorales, incluso desde Roma nos llegan en forma de dicasterio de Nueva Evaneglización para transformar esta sociedad tan secularizada a la que no le importa Dios, dicen. Obras son amores y no buenas razones, tambien se dice.

Hace poco más de un año ocurrió un grave sacrilegio en la catedral de Córdoba. Unos musulmanes por forzar la profanación del recinto sacro con sus rezos, y mientras estaba diciéndose la Santa Misa, dieron una puñalada al vigilante de seguridad que intentó expulsarlos del recinto, sumando a la profanación del recinto sacro y de la Eucaristía la violencia que vierte sangre en suelo sagrado.
La solución del Obispo fue reunirse con el cabildo para decidir que se iba a montar una comisión que se reuniría para ver que se hacía... No es broma. La respuesta de chiste al sacrilegio es: "estamos reunidos, no molesten". Ahí quedó todo.

Eso me indujo a buscar un ejemplo de nuestros mayores, por ver como habrían respondido ellos en situaciones similares. Por eso de ver lo tradicional, lo que siempre se ha hecho en estos casos. Así di con el siguiente relato de lo que hacían los anteriores obispos de Córdoba cuando ocurría un hecho escandaloso según una vieja crónica de los obispos de tal ciudad cuyos hechos se datan en 1641:

    Por este tiempo andaban ocultos por España unos Judios ó Herexes que sacrilegamente atrevidos profanaban las Imagenes Sagradas. En Madrid Granada y otras partes cometieron estos escandalosos excesos y en Cordoba lo executaron con una Imagen de Nra Sra y de su hijo Jesus Niño Lunes catorce de Julio por la noche de este año de seiscientos quarenta y uno. Sobre la Fuente en que se apareció Nra Sra estaba una Imagen suya con Jesus Niño en los brazos en un nicho cerrado con reja que limaron y abrieron el candado que tenia. A la Imagen dieron algunos con puñal y le quebraron dos dedos al Niño, quitaron la derecha y quebraron dos de la izquierda. Oyó el ruido gente que se hallaba en una vecina y fue donde sonaban golpes, con que huyeron los agresores dejando el vestido de Imagen quitado y por tres partes como con saca bocado. Nuestro Obispo tubo la noticia de tan execrable maldad luego por la mañana del dia y sin dilacion marchó al Santua rio de la Fuen-Santa, al mismo tiempo el Corregidor D. Geronimo Pueyo y Araciel hechas las averiguaciones y reconocimiento de la Imagen acordaron colocarla en el Altar dentro del Santuario. El Dean avisado de este suceso dio cuenta al Cabildo y considerada su gravedad nombró quatro que tratasen con el Prelado la demostracion que se debia en caso tan sensible y escandaloso.

En un solo día después de los hechos estaba movilizados autoridades civiles para investigar el delito y el obispo y el cabildo para lo que le correspondía como autoridades religiosas ¿Qué decidirían estas sobre la "demostración que se debía"?

    Al dia siguiente diez y seis vino el Obispo al Cabildo y propuso que para desagravio de tan sacrilego deshonor se trajesen á la Catedral con procesion general las Imagenes de Nra Sra de la Fuen-Santa y la vulnerada y que se celebrase un Novenario de fiestas muy solemne en cuyo tiempo se repartiesen copiosas limosnas y ayunase el Pueblo dos dias y que acavado se volviesen á llevar al Santuario con otra procesion las Sagradas Imagenes, sobre que podia discurrir el Cabildo. Oida esta propuesta de su devoto Prelado se conformo en todo el Cabildo y ofreció repartir quatrocientos ducados de limosna con las cantidades que mandase distribuir el Obispo. El Cabildo participó esta resolucion á la Ciudad y la admitió con gran gusto ofreciendo asistir y concurrir á demostracion tan piadosa Nuestro Obispo.

Un día más para la reunión y ya estaba dado lo que se iba a hacer, que como podeis leer muestra el celo del Obispo, que además se procuraba de combatir la saña diabólica con los medios evangélicos: ORACION AYUNO Y LIMOSNA.

Todo se hizo y preparó en dos días y cuando no había ni coches ni móviles ni Internet ni prensa ni televisión para cordinarse y reunirse con celeridad.

La crónica sigue contando como tanto quebranto puso este agravio al ánimo del obispo que enfermó y el día diecinueve hubo que aplazar las procesiones ya que hacía un calor desmedio y el santuario estaba lejos de la ciudad. Pero que se continuó con el novenario por diputación de caballeros y prebendados hasta que prontamente se reanudó todo tras la indisposición del obispo con la asistencia devota de numeroso pueblo.

Aun en medio de los avatares y del tórrido verano del sur de España el celo de nuestros antepasados descuella como un alcázar entre la podredumbre de leyendas negras y tibieza hodierna. Pero eran obispos y hombres de fe; de mucha fe. Tanta, que la alumbraron a un nuevo mundo a pesar de sus defectos.
Ahora nos podemos explicar porqué se seculariza una sociedad. Y como son los prelados los primeros culpables de tal cosa. No hay excusa. Desde el Papa hasta el último de los obispos todos han de ser ejemplares en este celo y menos ciudadanos del mundo. Da pena leer artículos como los que se están dando estos días donde la eficacia se mide de modo mundano ya sea en forma de comunicados o escarmientos mientras se olvidan nuestras principales armas que han de tomar la calle y llevarse por delante a tanto tibio para los cuales la palabra desagravio, reparación y sentido sagrado del suelo sacro han desaparecido.

M.D.

jueves, 15 de diciembre de 2011

¡Esto es un escándalo!

Ahora estaba cogido por dos partes
una me hace callar, la otra me pide
que hable; y yo suspiro y me comprende
mi maestro, y «No tengas ningún miedo
de hablar --me dice-; háblale y revela
lo que con tanto afán ha preguntado»



 Escuché a dos personas esta mañana discutir de la noticia del día:

-¿Qué hay de malo en que una señora pose en recinto sagrado cuasi desnuda para publicidad de un empresa de chocolates?

-Pues que es un sacrilegio gordísimo.

-¡Pero si está rezando!

-¡Véndaselo a otro, hombre! ¡Es un escándalo! Algo reprobable y digno de reprobación y algo más...

-¿Entonces, cuando se comete un sacrilegio, como usted dice: gordísimo, en sagrado hay que liarla porque es un escándalo?

-Efectivamente, creo que era Santo Tomás de Aquino el que decía que la verdad estaba antes que el escándalo que pudiera suscitar.

-Bueno, aunque no era exactamente así, se lo concedo todo. Pero ahora respóndame a una cosa, buen hombre, usted que es tan celoso de la casa de Dios.

-Usted dirá.

-¿Porqué no dijo nada cuando se invocó a una divinidad pagana en sagrado en la Porciúncula hace poco para publicidad de la paz del mundo? Una divinidad a la que además se sacrificaron seres humanos, por eso de hacerlo todo gordísimo.

Las posibles respuestas se las dejo a ustedes porque ahí se terminó la conversación.

M.D.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Gherardini responde a los laudatores

Así reunida vi a la escuela bella
de aquel señor del altísimo canto,
que sobre el resto cual águila vuela.



Monseñor Brunero Gherardini, Profesor Emérito de la Pontificia Universidad Lateranenese, canónigo de la Basílica Vaticana y director de la revista Divínitas, ha publicado el siguiente artículo en Disputationes Theologicae. Ofrezco mi propia traducción.

Es un artículo de suma importancia, no tanto por el contenido, que es simple y sencillo y de cosas no menos sabidas que aquellas que decía Ocáriz en su artículo, sino por la grandeza de líneas teológicas (el señalar la importancia de delimitar los límites del magisterio frente a la repetición de lo que nadie niega) y el recordatorio de lo que no suele decirse (por ejemplo que no todo lo que dice el Papa es magisterio). El tono no está exento de cierta ironía, pero la profundidad teológica que encierra es muy elevada, por ejemplo cuando desde esas líneas se muestra cuan necesario es un debate sobre las eclesiologías tan dispares que se asumen hoy día dentro de la misma Iglesia (no duda Gherardini en llamar inversión estructural de la Iglesia a cierta interpretación maximalista del magisterio muy en boga en ciertos sitios). Gherardini es en este texto un maestro que está enseñando con leche la profundidad de la Iglesia a niños de pecho malcriados muchas veces herederos del protestantismo en sus distintos aspectos que permean el mundo contemporáneo. Más adelante publicaré un comentario a este necesario y bienvenido artículo.

Iglesia-Tradición-Magisterio

Por Monseñor Brunero Gherardini.

La gran celebración cincuentenaria ha comenzado. Todavía no se ha dado el tam-tam mediático, pero se puede notar en el aire. El cincuentenario del Vaticano II abrirá las compuertas a los más altos superlativos que se puedan componer en juicios elogiosos. Ni una sombra de la sobria actitud que se requería, como momento de reflexión y análisis para una mayor evaluación crítica en profundidad del evento conciliar. Ya se ha empezado a lo loco con las repeticiones de lo que ha sido dicho y repetido durante cincuenta años: El Vaticano II es el punto culminante de la Tradición y su misma síntesis. Ya están preparados y programados congresos internacionales sobre el más grande y más significativo de todos los concilios ecuménicos; otros, de más o menos importancia, serán organizados sobre la marcha. Y sobre el argumento, el ensayo se enriquece día a día. L’Osservatore Romano, obviamente, pone de su parte y tira sobre la adhesión debida al Magisterio (Edición Italiana de 2 de Diciembre de 2011, p.6). El Vaticano II es un acto de magisterio, por lo tanto… El argumento nos adelanta que cada acto de magisterio debe ser aceptado como viniendo de los Pastores, quienes, por razón de la sucesión apostólica, hablan con el carisma de la verdad (DV 8), con la autoridad de Cristo (LG 25), a la luz del Espíritu Santo (ibid.).

Aparte del hecho que esto lo que hace es probar la autoridad magisterial del Vaticano II con el mismo Vaticano II, lo que en otro tiempo se llamaba “petitio principii”, parece evidente que este modo de proceder arranca de la premisa que el magisterio es absoluto, un sujeto independiente de todo y de todos, excepto de la sucesión apostólica y de la ayuda del Espíritu Santo. Ahora bien, si  la sucesión apostólica está garantizada por la legitimidad de las Sagradas Ordenes, parece difícil establecer  un criterio que garantice la intervención del Espíritu Santo dentro de los parámetros que se discuten aquí.

Sin embargo, una cosa es incuestionable: nada en el mundo, receptáculo que contiene a las cosas creadas,  tiene el don de ser absoluto. Todo fluye en un circuito de recíprocas interdependencias, y de ahí, que todo dependa, todo tiene un principio y tendrá un final: “Mutantur enim –decía  el gran Agustín- ergo creata sunt”. La Iglesia no es una excepción, tampoco su Tradición, tampoco su Magisterio. Es un asunto de realidades sublimes en lo alto de la escala de todos los valores creaturales, dotadas de una cualidad que permite cambiarlas, pero siempre son penúltimas realidades. El eschaton, la realidad final, es Dios y sólo Él.
A menudo se recurre a un lenguaje que cambia este dato factual y donde se reconoce a estas realidades sublimes con un alcance y significado por encima de sus limitaciones; en otras palabras, se absolutizan.  La consecuencia  es que esto las priva de su estatus ontológico y las convierte en una presunción irreal; de tal manera que también pierden la sublime grandiosidad de su penúltima realidad.

Inmersa en el momento trinitario de su designio, la Iglesia existe y opera en el tiempo como el sacramento de salvación. El carácter teándrico que la hace una misteriosa continuación de Cristo no está en cuestión, tampoco sus propiedades constitutivas (unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad), tampoco su estructura y su servicio, pero todo esto está todavía dentro de una realidad de este mundo que está capacitada para mediar sacramentalmente la divina presencia, pero siempre como una realidad de este mundo, que por definición, por tanto, excluye lo absoluto.

Tan es así que ella se identifica con su Tradición, de la que obtiene la continuidad consigo misma y a la que debe su aliento vital y de la cual obtiene la certeza de que su ayer siempre se vuelva hoy de manera que esté preparada para su mañana. La Tradición, por tanto, le da el movimiento interior que la impulsa hacía el futuro, mientras que salvaguarda el presente y el pasado. Pero la Tradición tampoco es un absoluto: comenzó con la Iglesia y terminará con ella. Sólo Dios permanecerá.

La Iglesia ejerce un control real sobre la Tradición: un discernimiento que distingue lo que es auténtico de lo que no lo es.  Lo hace con un instrumento al que no le falta “el carisma de la verdad”, con la condición de que no caiga en la tentación de tornarse un absoluto. Este instrumento es el magisterio, cuyos titulares  son el Papa, como el sucesor del primer Papa, el apóstol San Pedro, en la sede de Roma, y los obispos como sucesores de los Doce en el ministerio o servicio a la Iglesia, allí donde esté la expresión local de la misma. Es supérfluo recordar las distinciones –solemne si es el de un concilio ecuménico o el del Papa, cuando el uno o el otro definen verdades que atañen a la fe o a la moral; ordinario, si es el del Papa en su actividad específica, o el de los obispos como un todo en comunión con el Papa- dentro del magisterio; es mucho más importante precisar los límites dentro de los cuales el magisterio está garantizado de tener “el carisma de la verdad”.

Debe ser dicho antes que nada, que el magisterio no es una super-Iglesia que imponga juicios y modos de comportarse a la misma Iglesia; tampoco es una casta privilegiada sobre el pueblo de Dios, una especie de autoridad poderosa a la que hay que obedecer y punto. Es un servicio, una diakonia. Pero también es una tarea que debe llevarse a cabo, un munus, en concreto el munus docendi que no puede y no debe situarse por encima de la Iglesia, de la cual y a través de la cual viene a la existencia y obra. Desde el punto de vista subjetivo coincide con la Iglesia docente, el Papa y los obispos unidos con el Papa, en función de que oficialmente proponen la Fe. Desde el punto de vista operativo, es el instrumento con el que esta función se lleva a cabo.

Demasiado a menudo, en cambio, el instrumento se toma como un valor en sí mismo y se apela a él en orden a cortar cualquier discusión de raíz, como si este instrumento estuviera por encima de la Iglesia y como si no tuviera delante de él la enorme mole de la Tradición que debe recibir, interpretar y retransmitir en su integridad y fidelidad. Y es justamente aquí donde se muestran esos límites que lo salvaguardan del peligro de la elefantiasis y de la tentación absolutista.

No hay razón para ahondar en el primero de estos límites, la sucesión apostólica. No debería ser una dificultad para nadie el probar, caso por caso, la legitimidad y de ahí la continua sucesión en la posesión del carisma que pertenece a los Apóstoles. Por otro lado, deben decirse unas palabras sobre el segundo límite, o sea, sobre la ayuda del Espíritu Santo.  El razonamiento confuso que prevalece hoy es más o menos como sigue: Cristo prometió a los Apóstoles y a sus sucesores, en otras palabras a la Iglesia docente, el envío del Espíritu Santo y su asistencia para ejercer el munus docendi en la verdad; el error está por tanto ausente desde el principio. Sí. Cristo hizo tal promesa, pero indicó también las condiciones para que se cumpliera.  Si no, se puede crear una grave adulteración sólo en la manera en que se apela a esta promesa: ya sea no reportando las palabras de Cristo, o cuando son citadas, no se les da el significado que tienen. Veamos de que se trata.

La promesa está registrada sobre todo en dos pasajes de los cuatro Evangelios: Juan 14, 16.26 y 16, 13-14. Ya en el primer pasaje, uno de los límites mencionados resuena con la mayor claridad: en realidad, Jesús no se para en la promesa con “el Espíritu de la verdad” -nótese las palabras en cursiva, una traducción requerida por el artículo definido griego της, que en positivo y en negativo continua siendo traducido como si la verdad fueran un optional del Espíritu Santo, donde lo personifica-  sino que preanuncia la función:  os recordará todo lo que Él, Jesús, os ha enseñado antes. Se trata, por tanto, de una asistencia para conservar la verdad revelada, no para la integración en ella de otras verdades o de verdades diferentes de aquellas que han sido reveladas o se presumen como tales.

El segundo de los dos textos Joanicos, confirmando el primero,  entra en detalles adicionales: el Espíritu Santo “os guiará a la verdad plena”, también a aquella que ahora Jesús calla, porque está más allá de lo que pueden soportar los suyos (16,12). AL hacer esto, el Espíritu “no hablará por cuenta suya, sino que dirá todo aquello que escucha […] tomará de lo mío y os lo dará a conocer”. Por ello no habrá ulteriores revelaciones. La única se cierra con aquellos a los que Jesús está hablando. Sus palabras se presentan con un significado unívoco, que atañe a la enseñanza impartida por Él y sólo a esta enseñanza. Es este un lenguaje que no es cifrado o críptico, sino límpido como el sol.  Se podría presentar una objeción desde la perspectiva de aparente novedad en relación a aquello que, ahora silenciado por Jesús, vendrá anunciado por el Espíritu Santo; pero la delimitación de la asistencia a una acción de guía para la posesión de toda la verdad revelada por Cristo excluye una novedad substancial. Si emergiera una novedad, se tratará de un significado nuevo, no de una verdad nueva; de ahí el justísimo “eodem sensu eademque sentencia” del Lerinense. En pocas palabras, la pretensión de achacar a la asistencia del Espíritu Santo cada susurro de las hojas, con lo que quiero decir el achacarle toda novedad y especialmente aquellas que adaptan a la Iglesia en la dimensión de la cultura dominante y de la, así llamada, dignidad de la persona humana, no sólo es una inversión estructural de la misma Iglesia, sino que también es una tachadura en los dos textos antes mencionados.
No es todo. El límite de la intervención magisterial está también en su misma formulación técnica. Para que sea verdaderamente magisterial, en un sentido definitorio o no, se hace necesario que la intervención recurra a una fórmula ya consagada, de la cual se obtiene sin incertidumbre alguna la voluntad de hablar como “Pastores y Doctores de todos los cristianos en materia de Fe y de Moral, en el uso de su autoridad apostólica”,  si es el Papa el que habla. O si  resulta con igual certeza, por ejemplo por parte de un concilio ecuménico, a través de las fórmulas acostumbradas de afirmación dogmática, la voluntad de los Padres conciliares de unir la fe cristiana con la Revelación divina y su ininterrumpida transmisión. Faltando tales premisas, sólo en un sentido lato podrá hablarse de magisterio: no toda palabra del Papa, escrita o dicha, es necesariamente magisterio: y otro tanto se debe decir de los concilios ecuménicos, no pocos de los cuales no han hablado de dogma, o no lo han hecho exclusivamente.  Otras veces incluso han insertado el dogma en un contexto de diatriba interna y de luchas personales o de grupos, que hacen absurda una pretensión magisterial de los mismos dentro de dicho contexto. Todavía suscita una impresión netamente negativa un concilio ecuménico de indiscutible importancia dogmático-cristológica como el de Calcedonia, que pasó la mayor parte de su tiempo en una vergonzosa lucha de personalismos, de precedencias, de deposiciones, de rehabilitaciones; no es en esto un dogma Calcedonia. Como no lo es la palabra del Papa cuando privadamente declara que “Pablo no entendía la Iglesia como una institución, como una organización, sino como un organismo vivo, en el cual todos obran el uno por el otro y el uno con el otro, estando unidos a partir de Cristo”; es todo lo contrario,  y  se sabe que la primera forma institucional, precisamente para favorecer al organismo vivo, fue estructurada por Pablo en modo piramidal: los apóstoles al vértice, después los ἐπισκόποι-πρεσβυτεροι, los ηγουμενοι, los προισταμενοι, los νουθετοῦντες, los διακονοι: son distinciones de competencias y oficios que no ha sido todavía exactamente definidos, pero que son ya distinciones de un organismo institucionalizado. También en este caso, quede bien claro, la actitud de los cristianos es de respeto y, al menos en principio, también de adhesión. Pero si la conciencia del creyente particular en la adhesión a un caso como el descrito anteriormente no es posible, esto no significa que sea una rebelión contra el Papa o la negación de su magisterio: sólo significa que no se trata de magisterio.

El discurso retorna ahora, para terminar, al Vaticano II para decir, si es posible, una palabra definitiva sobre su pertenencia o no a la Tradición y sobre su calidad magisterial. Sobre esto no cabe ningún interrogante y esos laudatores que no se cansan de sostener durante cincuenta años la identidad magisterial del Vaticano II pierden y hacen perder el tiempo: nadie lo ha negado. Teniendo en cuenta, sin embargo, su exuberancia acrítica, surge un problema de calidad: ¿De qué magisterio se trata? El artículo de "L'Osservatore Romano", para el que en principio se me ha llamado, habla de magisterio doctrinal: ¿Y quien jamás lo ha negado? Incluso una declaración puramente pastoral puede ser doctrinal, en el sentido de pertenecer a una determinada doctrina. Pero quién diga doctrinal en el sentido de dogmático confunde las cosas: no hay ningún dogma en los activos del Vaticano II, que si tiene un valor dogmático, lo ha dejado reflejado donde se traen los dogmas previamente definidos. Su magisterio, como se ha dicho una y otra vez a todo el que tenga oídos para oír, es un magisterio solemne y supremo.

Más problemático es su continuidad con la Tradición, no porque el no haya declarado esa continuidad, sino especialmente porque en los puntos clave en los que era necesario que esta continuidad fuera evidente, la declaración ha quedado no demostrada.

Publicado por Disputationes Theologicae
M.D.

martes, 6 de diciembre de 2011

La contradicción climática seu de magisterio mere authentico

Desde el momento en que mire primero
vi que había corrido todo el arco
que hace del medio al fin el primer clima


Me han propuesto que diga algo sobre la declaración del cardenal Madariaga y el cambio climático.
Pues bien, tengo una cosa muy sencilla que decir. Recordarle a tantos lectores y comentadores que se lean bien el articulito de F. Ocáriz y el magisterio auténtico de la Santa Sede respecto a lo que ha dicho el cardenal Madariaga. Así por lo menos se ahorran el contradecirse al momento siguiente de haber afirmado que hay que tener una SUMISION DE INTELECTO Y VOLUNTAD al magisterio auténtico cuando dice cosas como las que siguen con una continua repetición; mostrando enlace con verdades enseñadas en el Concilio Vaticano II; dándo importancia y gravedad dada al asunto ante la comunidad internacional, etc. :

Para actuar a gran escala es necesario "convertir" el modelo de desarrollo global; lo exigen no sólo el escándalo del hambre, sino también las emergencias ambientales y energéticas.
(Benedicto XVI, Angelus 12-11-2006)
 
La tutela de los recursos hídricos y la atención al cambio climático son asuntos de suma importancia para toda la familia humana. Animado por el creciente reconocimiento de la necesidad de salvaguardar el medio ambiente, os invito a todos a uniros a mí orando y trabajando por un respeto cada vez mayor de las maravillas de la creación de Dios.
(Benedicto XVI, Audiencia 5-9-2007)

Deseo ofrecer también mi apoyo a los líderes de los gobiernos y de los organismos internacionales que pronto se reunirán en las Naciones Unidas para debatir la urgente cuestión del cambio climático. (...) Animo a los participantes en la cumbre de las Naciones Unidas a abordar sus debates de forma constructiva, con valentía y generosidad. De hecho, todos estamos llamados a cuidar con responsabilidad la creación, a usar los recursos de modo que todas las personas y comunidades puedan vivir dignamente y desarrollar "la alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios"
(Benedicto XVI, Audiencia 26-8-2009)

Mi refiero, en particular, a los desafíos de la actual crisis económico-financiera, así como a los preocupantes datos del fenómeno del cambio climático, que no pueden dejar de impulsar a un prudente discernimiento y a nuevos proyectos para ""convertir" el modelo de desarrollo global"
(Benedicto XVI, Carta a Berlusconi con motivo de la reunión del G-8 1-7-2009)

Es obvio que la preocupación por el cambio climático, al que se da ya como un hecho, está en el magisterio auténtico de la Santa Sede con las notas que da Ocáriz de repetición continuada y además por varios dicasterios y aún en intervenciones y exhortaciones sinodales. 

El mensaje del Papa para la jornada mundial de la Paz de 1 de enero de 2010 está íntegramente dedicado a esta cuestión. Pueden leerlo aquí.

Y lo más reciente y dentro del contexto en que se enmarcan estas palabras del cardenal es esto de hace poco más de una semana:

Mañana comenzarán en Durban, Sudáfrica, los trabajos de la Convención de la onu sobre los cambios climáticos y del Protocolo de Kyoto. Confío en que todos los miembros de la comunidad internacional concuerden una respuesta responsable, creíble y solidaria a este preocupante y complejo fenómeno, teniendo en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras.
(Benedicto XVI, Angelus 27-11-2011)
Por tanto, lo que ha dicho Madariaga, no es ni más ni menos que una aplicación pastoral de la doctrina emanada en el magisterio auténtico del Papa sobre la solicitud por la creación. Como todo acto prudencial posconciliar, no impone, sino que recomienda y dentro de un contexto de orientación de la conciencia más que de imposición. Es obvio por tanto, que más tarde o más temprano tal aplicación prudencial sea tomada a un nivel mayor y con más autoridad.

Por eso, decir como ha hecho alguno de este cardenal :
Me atrevo a señalar que una homilía no es el lugar adecuado para hablar del “cambio climático”. En un discurso ante la asamblea quizás podría tener un pase, pero es algo totalmente inapropiado para la homilía de una Eucaristía. Un obispo hablando como tal y explicando la Palabra de Dios no debe meterse en temas totalmente ajenos a su competencia, especialmente cuando se trata de asuntos científicamente tan nebulosos como el cambio climático, sobre el que caben infinidad de opiniones diferentes.
Pues queda fuera de lugar, porque después de ver el magisterio auténtico de la Santa Sede que lo saca a relucir desde en catequesis del Papa hasta en mensajes al mundo entero pues sí cabe que un obispo aplique este magisterio de modo pastoral en una homilía en base a lo que es una grave obligación espiritual de la Iglesia.

Mientras tanto todo el que quiera oponerse a este magisterio ya sabe: a jugar a Galileo para cuando en un futuro los manuales de teología digan que el Papa no se podía equivocar, sino que lo hicieron las congregaciones que juzgaron que el fenómeno era un hecho demostrado según la ciencia y datos de su tiempo, queden como unos señores, aunque ahora queden como unos indisciplinados filolefebvristas odiosos de lo verde.

Yo como tengo claro los niveles de adhesión al magisterio y sus grados, pues no me hace falta jugar a Galileo, pero al menos reconozco que es magisterio auténtico al que reverencio y respeto en lo que tiene de preocupación por el planeta y sus conclusiones, pero prefiero quedarme con la postura tradicional de los Santos Padres en la doctrina en cuanto que decían que en cada momento de la historia, Dios provee a los hombres con todos los medios naturales que hacen falta para el desarrollo de la misma historia. Es más, creo que esta providencia divina es ampliable a los recursos sobrenaturales necesarios para que el hombre no se destruya a sí mismo hasta que se cumplan los tiempos. Quizás es que confío más en Dios y su gracia como fuente de vida moral que los que andan preocupados por la "etica" y quizás porque sé que es una contradicción predicar sobre el uso de la naturaleza mientras se renuncia a predicar sobre el principal de los medios por los que se doblega a la naturaleza: la avaricia y la usura presente en el actual sistema económico contra toda ley natural y cuyo magisterio concreto con medidas prudenciales necesarias hace tiempo que fue abandonado al pairo de los "signos de los tiempos" capitalistas y bancario en forma de suculentas cuentas de beneficios por los que ahora sufren sus consecuencias. No obstante cumplo la recomendación porque no suelo votar y cuando lo hago no lo hago a partidos que propugnan el sistema destructivo vigente que a veces usa de estas mismas gnosis del cambio climático para generar nuevos consumos y válvulas de escape internas.

M.D.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El artículo de Ocáriz, ¿la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?


Mas como tu deseo es que te explique
más ampliamente nuestra condición,
no puede ser el mío el ocultarlo.


Creo que esta entrada debe de ser cantada al son de la famosa canción de "Los Payasos de la Tele".

Eran 2 chicos requete finos,
eran 2 chicos medio chiflaos,
eran 2 chicos casi divinos,
eran 2 chicos desfarataos.

Si se encontraban en una esquina,

o se encontaban en un café,
siempre se oía con voz muy fina,
el saludito de Don José:
 

-Hola Don Pepito,
-Hola Don Jose,
-¿Pasó usté por mi casa?
-Por su casa yo pasé.
-¿Vió usted a mi abuela?
-A su abuela en esa Misa vi

-Adiós Don Pepito,
-Adiós Don José.



Ni que decir tiene que Don Pepito y Don José pueden ser dos miembros cualesquiera del Opus Dei, que ven con satisfación como vuelve públicamente el Opus Dei a la Misa Tradicional y que sin embargo tienen que gritar muy alto que no son tradicionalistas ni lefebvristas suenen las campanadas que suenen porque  mantienen "la debida adhesión a las enseñanzas del Concilio vaticano II". No es superfluo que el Vicario General del Opus Dei recuerde ese plano general a los pocos días de saberse esta noticia: 


Misa dominical tradicional pública para los fieles anunciada desde el primer domingo de Adviento y también para el domingo 18 y que recibirá en enero el calendario definitivo.



Al Opus Dei se ha sunado en Roma la prímera universidad que celebrará también la Misa Tradicional. Será la de los Legionarios de Cristo: el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.

Creo que ahora se entiede mucho mejor el momento de ese artículo, ¿verdad? ¿Habrá artículo de algún legionario de peso dando su adhesión como Ocáriz? Podría ser también que Don Pepito fuera un legionario, con lo que entenderíamos mejor la canción que suena.

Porque esa carrera coincidente por celebrar públicamente la Misa Tradicional dándole un carácter de aceptación oficial en estos grupos ¿a qué se debe? Quizás esa sea la pregunta que debemos hacernos en lugar de debatir sobre una escuela de teología en su visión de la Lumen Gentium 25.

M.D.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El humo de Satanás en la Iglesia de hoy (III) El Papa, un gran babalawo.

¡Oh venganza divina, cuánto debes
ser temida de todo aquel que lea
cuanto a mis ojos fuera manifiesto!

Llegamos a la última parte o conclusión de esta serie que nos permite comprender mejor que es lo que se ha representado en Benin. Mejor dicho: lo que quizás se ha querido representar. Recapitulemos:

Tenemos un magisterio que razona con acierto que la brujería es uno de los mayores males de la humanidad presente. Por brujería entendemos múltiples actos dentro de una misma cosmovisión con distintas manifestaciones culturales. De hecho existen suficientes afirmaciones genéricas al respecto, pero cuando se trata de aplicarlas a lo concreto, sea en el mismo diálogo interreligioso en Europa, sea en África, este magisterio se muestra desistente para aplicar lo que su razonamiento le dice que se ha de hacer al respecto.

La razón que encuentro es una asumpción de principios racionalistas en la teología que bloquean e imposibilitan toda acción pastoral práctica y tradicional contra el poder del mal cuando este se manifiesta en las personas y en las comunidades, que acaban asumiendo en distintas maneras y grados la adoración de los demonios. Ahí tenemos un problema principal cara a la reforma de la Iglesia. Un problema que a la base tiene un origen claro en la asumpción de elementos incompatibles a la fe católica o relativizadores de la misma durante la segunda mitad del siglo XX. El problena del Concilio del que todos hablan.

Junto a ese problema, encontramos otro fenómeno concomitante que consiste en aplicar al Santo Padre los conceptos por los que se tiene en estima a los líderes en el mundo. Aún cuando la estima no es mundana, dicho fenómeno la afecta porque viene a mostrarla con formas mundanas de la misma. De la liturgia y la peregrinación se pasa así al espectáculo de masas y de la devoción por la figura del Santo Padre, se pasa a la fanatización por el Santo Padre en concreto. Finalmente la comunión con el Santo Padre, se convierte en apoyos al mismo. Dicho fenómeno es llamado "juanpablismo" por aparecer de forma excelsa bajo el pontificado de Juan Pablo II, pero en realidad debe tanto a Juan Pablo II como a la globalización de la comunicación que lo ha hecho posible y fácilmente fomentable en un cristianismo débil y desorientado por la crisis conciliar. 

Volviendo a Benín, ya vimos el extraño fenómeno con el que se pretendía poner el centro de atención en Benedicto XVI. Para el juanpablismo es necesario que cada puesta en escena del Papa sea algo cuasi milagroso y si es sin el cuasi mejor. Se necesita de elementos que hagan correr el "feeling" entre los fieles y la figura del Santo Padre. Una vez empezado, el fenómeno exige un continuo alimento de cosas asombrosas que actua de feedback y que nunca acaba. En Benin, de nuevo se retomó el tema del Sol. Un tema clásico y unido a Fátima y a los Papas, desde que Pio XII lo presenciara en los jardines del Vaticano. El fenómeno del juanpablismo trata de asociar desde hace un tiempo a ciertos Papas al misterio de Fátima y como figuras excelsas preanunciadas por María de modo que su doctrina hasta en lo más opinable de la misma -lo que no es ya doctrina, sino opinión particular- y aún su misma forma de entender la política mundana pase al pueblo como una especie de dogma confirmado por la Virgen. A veces se hace de forma espontánea, a veces el mismo correr de ciertas mentes es propicio a ello, pero se puede percibir fácilmente un interés en ciertas figuras de peso en la opinión católica en que todo vaya de esa manera. Nos hemos de preguntar ¿por qué? En Benin, dicho juanpablismo ha usado de un fenómeno solar ocurrido (que en principio no tiene nada de extraordinario) para volver a las andadas. Esta es la parte que píamente se queda en Occidente del relato. El milagro del Sol de Fátima en África. Que el Papa allí callara de la brujería como problema y hablara de medidas racionalistas y de política mundana no importa, lo que dijera pasará por ósmosis con ese refuerzo que usurpa el derecho de la fe a buscar al intelecto, según la célebre frase de San Anselmo.

Pero lo más desesperanzador es contemplar como para los africanos este poder del Papa de manifestarse con milagros solares puede ser visto de otra forma muy distinta. Pues en la religión yoruba, el orula es a la vez el comunicador de las verdades de Ifá, el que adivina los secretos de Orunmila y además el instrumento de adivinación o de interpretación del camino a seguir. Si hacemos caso a determinada interpretación, la voz orunmila viene a significar "preasagio que aparece del cielo como el sol". Con esto tenemos el círculo cerrado y el Papa aparecería como el gran babalawo. No es de extrañar porqué los obispos africanos están tan inquietos con este fenómeno. Desde hechicería a inculturación todo es posible y lo peor que podía ocurrir es que el fenómeno del juanpablismo sea inculturado dentro de la brujeria africana para promover un culto luciferino, que se atisba bajo la capa más noble de Ifá. El culto al anticristo quedaría abierto en un mundo donde la religión de Ifá es cada vez más omnipresente con las acciones del Papa sirviendo de telonero en la aplicación más extrema de la hipótesis eclesiólogica de Julio Meinvielle que puedan verse. Y para que sirva de lección, les invito a leer los comentarios que van apareciendo en el vídeo que puse sobre el acto idolátrico ante Juan Pablo II. De ellos saco este:

qué maravilla ver a Wandé Abímbola representando a una de las comunidades más ancestrales que existe en la faz de la tierra… Ifá dice que al final todas las religiones regresarán al origen, todas las religiones regresarán a Ifá…

Demasiada ambivalencia escatológica, demasiada ambigüedad religiosa y cultural como para desdeñarla como mero suceso sin importancia. Un acto ambiguo en todo su esplendor en el cual el juanpablismo juega con fuego y no parece darse cuenta.
M.D.