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martes, 6 de diciembre de 2011

La contradicción climática seu de magisterio mere authentico

Desde el momento en que mire primero
vi que había corrido todo el arco
que hace del medio al fin el primer clima


Me han propuesto que diga algo sobre la declaración del cardenal Madariaga y el cambio climático.
Pues bien, tengo una cosa muy sencilla que decir. Recordarle a tantos lectores y comentadores que se lean bien el articulito de F. Ocáriz y el magisterio auténtico de la Santa Sede respecto a lo que ha dicho el cardenal Madariaga. Así por lo menos se ahorran el contradecirse al momento siguiente de haber afirmado que hay que tener una SUMISION DE INTELECTO Y VOLUNTAD al magisterio auténtico cuando dice cosas como las que siguen con una continua repetición; mostrando enlace con verdades enseñadas en el Concilio Vaticano II; dándo importancia y gravedad dada al asunto ante la comunidad internacional, etc. :

Para actuar a gran escala es necesario "convertir" el modelo de desarrollo global; lo exigen no sólo el escándalo del hambre, sino también las emergencias ambientales y energéticas.
(Benedicto XVI, Angelus 12-11-2006)
 
La tutela de los recursos hídricos y la atención al cambio climático son asuntos de suma importancia para toda la familia humana. Animado por el creciente reconocimiento de la necesidad de salvaguardar el medio ambiente, os invito a todos a uniros a mí orando y trabajando por un respeto cada vez mayor de las maravillas de la creación de Dios.
(Benedicto XVI, Audiencia 5-9-2007)

Deseo ofrecer también mi apoyo a los líderes de los gobiernos y de los organismos internacionales que pronto se reunirán en las Naciones Unidas para debatir la urgente cuestión del cambio climático. (...) Animo a los participantes en la cumbre de las Naciones Unidas a abordar sus debates de forma constructiva, con valentía y generosidad. De hecho, todos estamos llamados a cuidar con responsabilidad la creación, a usar los recursos de modo que todas las personas y comunidades puedan vivir dignamente y desarrollar "la alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios"
(Benedicto XVI, Audiencia 26-8-2009)

Mi refiero, en particular, a los desafíos de la actual crisis económico-financiera, así como a los preocupantes datos del fenómeno del cambio climático, que no pueden dejar de impulsar a un prudente discernimiento y a nuevos proyectos para ""convertir" el modelo de desarrollo global"
(Benedicto XVI, Carta a Berlusconi con motivo de la reunión del G-8 1-7-2009)

Es obvio que la preocupación por el cambio climático, al que se da ya como un hecho, está en el magisterio auténtico de la Santa Sede con las notas que da Ocáriz de repetición continuada y además por varios dicasterios y aún en intervenciones y exhortaciones sinodales. 

El mensaje del Papa para la jornada mundial de la Paz de 1 de enero de 2010 está íntegramente dedicado a esta cuestión. Pueden leerlo aquí.

Y lo más reciente y dentro del contexto en que se enmarcan estas palabras del cardenal es esto de hace poco más de una semana:

Mañana comenzarán en Durban, Sudáfrica, los trabajos de la Convención de la onu sobre los cambios climáticos y del Protocolo de Kyoto. Confío en que todos los miembros de la comunidad internacional concuerden una respuesta responsable, creíble y solidaria a este preocupante y complejo fenómeno, teniendo en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras.
(Benedicto XVI, Angelus 27-11-2011)
Por tanto, lo que ha dicho Madariaga, no es ni más ni menos que una aplicación pastoral de la doctrina emanada en el magisterio auténtico del Papa sobre la solicitud por la creación. Como todo acto prudencial posconciliar, no impone, sino que recomienda y dentro de un contexto de orientación de la conciencia más que de imposición. Es obvio por tanto, que más tarde o más temprano tal aplicación prudencial sea tomada a un nivel mayor y con más autoridad.

Por eso, decir como ha hecho alguno de este cardenal :
Me atrevo a señalar que una homilía no es el lugar adecuado para hablar del “cambio climático”. En un discurso ante la asamblea quizás podría tener un pase, pero es algo totalmente inapropiado para la homilía de una Eucaristía. Un obispo hablando como tal y explicando la Palabra de Dios no debe meterse en temas totalmente ajenos a su competencia, especialmente cuando se trata de asuntos científicamente tan nebulosos como el cambio climático, sobre el que caben infinidad de opiniones diferentes.
Pues queda fuera de lugar, porque después de ver el magisterio auténtico de la Santa Sede que lo saca a relucir desde en catequesis del Papa hasta en mensajes al mundo entero pues sí cabe que un obispo aplique este magisterio de modo pastoral en una homilía en base a lo que es una grave obligación espiritual de la Iglesia.

Mientras tanto todo el que quiera oponerse a este magisterio ya sabe: a jugar a Galileo para cuando en un futuro los manuales de teología digan que el Papa no se podía equivocar, sino que lo hicieron las congregaciones que juzgaron que el fenómeno era un hecho demostrado según la ciencia y datos de su tiempo, queden como unos señores, aunque ahora queden como unos indisciplinados filolefebvristas odiosos de lo verde.

Yo como tengo claro los niveles de adhesión al magisterio y sus grados, pues no me hace falta jugar a Galileo, pero al menos reconozco que es magisterio auténtico al que reverencio y respeto en lo que tiene de preocupación por el planeta y sus conclusiones, pero prefiero quedarme con la postura tradicional de los Santos Padres en la doctrina en cuanto que decían que en cada momento de la historia, Dios provee a los hombres con todos los medios naturales que hacen falta para el desarrollo de la misma historia. Es más, creo que esta providencia divina es ampliable a los recursos sobrenaturales necesarios para que el hombre no se destruya a sí mismo hasta que se cumplan los tiempos. Quizás es que confío más en Dios y su gracia como fuente de vida moral que los que andan preocupados por la "etica" y quizás porque sé que es una contradicción predicar sobre el uso de la naturaleza mientras se renuncia a predicar sobre el principal de los medios por los que se doblega a la naturaleza: la avaricia y la usura presente en el actual sistema económico contra toda ley natural y cuyo magisterio concreto con medidas prudenciales necesarias hace tiempo que fue abandonado al pairo de los "signos de los tiempos" capitalistas y bancario en forma de suculentas cuentas de beneficios por los que ahora sufren sus consecuencias. No obstante cumplo la recomendación porque no suelo votar y cuando lo hago no lo hago a partidos que propugnan el sistema destructivo vigente que a veces usa de estas mismas gnosis del cambio climático para generar nuevos consumos y válvulas de escape internas.

M.D.

jueves, 13 de octubre de 2011

Palabras que se lleva el viento... (I)

Por esto el Evangelio y los Doctores
se olvida, y nada más las Decretales
se estudian, cual sus márgenes indican.

Creo que todos pueden imaginarse la gran alteración que en su día supuso la encíclica Humanae Vitae. No se si todos saben su historia real. La resumiremos con una cita del inestimable Iota Unum de Romano Amerio:

Habiéndose pronunciado en el aula, incluso por bocas cardenalicias (Léger y Suenens), nuevas teoríıas que rebajaban el fin procreador del matrimonio y abrían paso a su frustración (mientras elevaban a pari o a maiori su fin unitivo y de donación personal), Pablo VI hizo llegar a la comisión cuatro enmiendas con orden de insertarlas en el esquema. Se debía enseñar expresamente la ilicitud de los métodos anticonceptivos antinaturales. Se debía declarar igualmente que la procreación no es un fin del matrimonio accesorio o equiparable a la expresión del amor conyugal, sino necesario y primario. Todas las enmiendas se apoyaban en textos de la Casti connubii de Pío XI, que habrían debido insertarse. Las enmiendas fueron admitidas, pero no así los textos de Pío XI. Mientras tanto la cuestión de los anticonceptivos era consultada a una comisión papal, y fue después decidida con la encíclica Humanae vitae de 1968,

Así el Papa escamoteaba a la creatividad de los padres conciliares un elemento clave de doctrina moral sexual tan necesario para el buen fin de la sociedad que se nutre de los matrimonios. La Humanae Vitae condenaba claramente los medios anticonceptivos antinaturales y del aborto, entre otras cuestiones que abordaba en la moral sexual matrimonial, y marcaba el ostracismo de Pablo VI, que fue totalmente abandonado por muchos en esta cuestión. Dio comienzo una rebelión en la Iglesia, como mostraba la revista Time.  Teólogos de fama, obispos y hasta Conferencias Episcopales enteras se opusieron, como fue el caso de la Conferencia Episcopal Canadiense, que a día de hoy sigue sin haber rectificado la Declaración de Winnipeg de 1968 donde repudiaban la aplicación pastoral de la Humanae Vitae y la dejabna a la libre decisión de la conciencia subjetiva mientras se adherían al Papa. Un auténtico cisma de los obispos de toda una nación con materia doctrinal claramente definida por medio y que la Santa Sede ha ignorado hasta el día de hoy a pesar de que en las nota doctrinal que acompaña a la Professio Fidei se hace mención expresa de la autoridad con la que se proclamaba la Humanae Vitae en la nota que acompaña al siguiente texto:

La segunda proposición de la Professio fidei afirma: "Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres, propuestas por la Iglesia de modo definitivo". El objeto de esta fórmula comprende todas aquellas doctrinas que conciernen al campo dogmático o moral (13), que son necesarias para custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe, aunque no hayan sido propuestas por el Magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas.

_________
13. (13) Cf. Pablo VI, carta encíclica Humanae vitae, 4: MS 60 (1968) 483; Juan Pablo II, carta encíclica Veritatis splendor, 36-37: AAS 85(1993) 1.162-1.163.

 Esperaremos sentados que a la Conferencia Episcopal Canadiense le propongan preámbulos doctrinales para firmar. A lo más presentarán a redescubrir la Humane Vitae sin mojarse en retractación alguna, que es lo que de facto, han hecho en 2008.

Escuchemos de nuevo a Romano Amerio:
Aún en el Sínodo de Obispos de 1980, el Grupo B de lengua francesa afirma: El Grupo se adhiere sin reservas a la Humanae vitae, pero haría falta superar la dicotomía entre la rigidez de la ley y la ductilidad pastoral. La adhesión a la encíclica se convierte así en puramente vocal, porque más que ella lo que importa es plegarse a la ley de la humana debilidad (OR, 15 octubre de 1980).

Y así están y siguen las cosas a día de hoy. Nadie propone medidas anticismáticas al que disiente de esta enseñanza aunque muestre su amor al Papa adhiriéndose a él. Tenemos un tonto climax cuando al Papa se le ocurrió  hacer un pinito intelectual en la entrevista Luz del Mundo y hablar de algún caso de justificación de los preservativos. Una doctrina que se acata, pero no se cumple y a la espera de un resquicio en cualquier dicho del magisterio para poder bordearla por entero con toda autoridad, caso de tantos teólogos que una y otra vez crean el estado de opinión propicio para ello.

¿Creen que es una novedad esto que ocurre en la Iglesia? ¿Creen que no ha pasado antes esto de bordear la doctrina en sus aspectos morales más serios? Pues a ver quien adivina la próxima encíclica y la doctrina moral que exponía de la que voy a hablar para ir entendiendo algo de los males de la Iglesia. Una pista en una cita de San Pablo:

Porque la raíz de todos los males es la avaricia, y muchos, por dejarse llevar de ella, se extravían en la fe y a sí mismos se atormentan con muchos dolores. (1 Ti 6, 10)
M.D.