viernes, 14 de octubre de 2011

Un burro toca la flauta. España luz de Trento... y del Wanderer.

Veráse la lujuria y vida muelle
de aquel de España y del de la Bohemia,
que ni supo ni quiso del valor.

Reconocí el  pasado 12 de Octubre que la Hispanidad está desaparecida. No sólo de manos de los que la confunden con una canción de los nikis, sino de manos de aquellos mismos hispanos de todo el orbe, que atisbando la verdad de las cosas, no alcanzan a ver más allá de la punta de su nariz y siguen emperrados de algún modo en la canción aludida. Diríase de la Hispanidad en las mentes de estas gentes lo que dijo José Antonio Primo de Rivera de aquel remedo de monarquía española que ya nada tenía que ofrecer a España: ante el pueblo español eminentemente realista que, que exige a sus santos patronos que le traigan la lluvia cuando hace falta, y si no se la traen los vuelve de espaldas en el altar, aquel simulacro cayó de su sitio sin que entrase en lucha siquiera un piquete de alabarderos.

Sintomático de alguna mente, bien ordenada y cultivada, de loable intención en su intento de estimular otras mentes, pero muy frustrada en su comprensión de lo hispano y de los justos límites sobre tema tan grande es "la cosa" que podemos leer en The Wanderer sobre Castellani y los españoles. Mientras que unos aluden a dramas hispanosajones de ascendencia catalana del autor y otros a que "la cosa" es mera ocasión para lucir la reapertura del propio coso,  prescindiré ya de la cosa en sí y de las falacias y tópicos bordados en ella -que bien han caído rebatidos por sus descosidos-. Permítanme darle la vuelta al asunto y a mostrar tocando la flauta como la luz hispana llega hasta las mismas barbas de la teoría más querida del Wandericus: la del elefante barroco.(*) Y eso lo haremos mostrando como en medio de la mediocridad teológica de la que acusa a los españoles un santo sacerdote y obispo ya había anticipado mucho antes que Wanderer, y mientras Castellani aún terminaba sus estudios teológicos, un elefante más que barroco en las entrañas de la teología viva y vivida por el pueblo.

En 1932, en pleno vaivén del movimiento litúrgico, nuestro obispo termina en la ciudad de Ronda, después de haber salvado la vida a duras penas en el incendio de su palacio en Málaga el año anterior, el prólogo a una de sus mejores libritos -jamás ha necesitado escribir un gran tratado para mostrar la anchura y profundidad de la teología-, hecho para el pueblo y para presentarle la inmensidad de un tema tan vasto como la liturgia. Una obra a la que le hubiera gustado titular, como el mismo dice: "Como se va por el arte y la liturgia a la piedad", pero que "la concesión del título de los libros" dejó resumido vagamente en "Arte y Liturgia". Lo que van a ver es algo que a Wanderer le hubiera gustado escribir en su blog, algo que atisba en su teoría, pero que sólo la luz de un santo obispo hispano -ya es beato oficial desde el 2001- puede iluminar y bajar a pie del pueblo, sin necesidad de complejas teorías elucubradas entre sillones y cortinas de terciopelo y vasos de whisky que parecen ajenas y extrañas al que las lee. 

D. Manuel González García
Nuestro obispo lo hace desde un sencillo análisis y exposición catequética de la linealidad que la falsa teología se empeña con todas sus fuerzas en hacer no lineal y que se resume en Lex orandi, lex credendi, lex vivendi. El deseo del autor en el prólogo(**) para la tercera edición del librito pasada la guerra civil es todo un proyecto que antecede sobrepasa y trasciende a la circustancia histórica de la nación que señala. 

Callo ya y paso a copiar un extenso texto de esta desconocida obrita, que espero de algo de luz al Wanderer en su ensimismamiento barroco y a cualquiera que lea sobre la verdadera altura teológica de lo mejor de la Hispanidad en el siglo XX sin necesidad de analogías algunas sobre el significado de teólogo que nos hagan pasar por el pajar que tan lleno vio Santo Tomás de Aquino. Lo sustancioso del texto hará que perdonen su extensión, pero es un pecado recortarlo:

Del engreimiento del Arte sobre el Altar

La decadencia del rito de la concelebración

Un hecho transcendental en la historia de la Liturgia rompe en muy poco tiempo la gloriosa sumisión de 12 siglos del Arte al Altar.  Ese hecho es la abolición del rito de la concelebración de la Misa por el Obispo con sus Sacerdotes. 
Durante esos 12 siglos la Santa Madre Iglesia  había tenido tanto afán en conservar y mostrar la unidad jerárquica diocesana por medio  de la celebración de los Santos Misterios, en mantener en contacto constante a sus ovejas con sus Pastores en el acto esencial de su culto, la Santa Misa, y por la irradiación de él en la manifestación y desarrollo de la vida divina que antes de desprenderse del rito de la concelebración de una misma misa por el Obispo con  su Presbiterio (tan a propósito para representar, recordar y hacer efectiva y fecunda aquella unidad)  permitía, cuando la multiplicación de los fieles lo exigía, a sus Obispos, tres, cuatro y cinco misas(1) en cada Domingo siempre en unión de sus Sacerdotes.

Cómo se fueron introduciendo las Misas privadas

Cierto que en los demás días de la semana  se fué autorizando poco a poco la celebración privada de cada Obispo y Sacerdote, y a España le cabe la gloria de haber tenido en vigor este uso de la Misa privada diaria antes del siglo IV mucho antes que otras naciones, pero en el domingo y día de fiesta, prohibidas las misas privadas, era obligatorio para todos los fieles la asistencia a su Misa Pontifical, si vivían en Roma o en la capital de la Diócesis, o parroquial en otro caso.
De ahí precisamente proviene que primero se haya celebrado en la Iglesia la Misa solemne que la privada y que la Liturgia de ésta no sea más que una reducción o abreviación de la de aquélla como recuerda aún la multitud de antífonas, salmos o himnos incoados del Ordo de nuestras Misas privadas que eran íntegramente cantados en las Misas solemnes.

¿Las causas?

Dejo a los historiadores y expositores de Liturgia y del Derecho, la enumeración de las causas  de la desaparición del rito de la concelebración, a las que ciertamente no fué extraña la larga y desastresa residencia de los Papas en Aviñón, ni fué ajena, según el valioso testimonio del Cardenal Bona, la aparición de las Ordenes mendicantes con su multiplicación de Iglesias, a más de las parroquiales existentes, con sus facilidades para la recepción de Sacramentos de Penitencia y Comunión, con necesidades de aplicar en Misas las cuantiosas limosnas  a ese fin recibidas de los fieles, y con la atracción que necesariamente habían de ejercer sobre éstos el fervor y la abnegación de los nuevos Institutos, etc., etc.
Y sí me atrevo a asegurar, que como causa o como efecto, con la desaparición de este rito y con la disminución de la Liturgia pública y colectiva está muy unida la invasión (así puede llamarse) de exenciones, con respecto a la jurisdicción episcopal, de Ordenes, Instituciones,  Cofradías, Caballerías, Territorios, Iglesias, Abadías, Prioratos y Cargos eclesiásticos que caracterizan singularmente a los siglos XIV  y XV hasta el extremo que seguramente en no pocas diócesis no quedaría otra ocupación a los Obispos que atender al manténimiento e instrucción de sus tropas de pecheros, a la rotura, al cultivo y a la defensa de sus campos y Castillos o a la prestación de auxilio a las guerras de los señores vecinos o de los Reyes de sus territorios. 
¡Triste, en verdad, enfadoso y funesto contraste entre estos dos cuadros, el de sana y ordenada centralización del culto y de la vida religiosa diocesana en la persona y autoridad del Obispo con su Clero unido a él en 12 siglos y el de huida o recelo de la jerarquía diocesana, que a no mediar la asistencia indeficiente del Espíritu Santo sobre la Iglesia y la institución divina del Episcopado, hubiera acabado por dejar cesantes a todos o a la mayor parte de los Obispos de su ministerio sagrado o condenados a un insoportable aislamiento burocrático señorial totalmente incompatible con el possuit regete Ecclesiam Dei... y el pascite qui in vobis est gregem Dei!... 
Es lo cierto, que esa misma tendencia a la descentralización del culto.y de la vida eclesiástica  que se inicia en el siglo XIII y prosigue avasalladora en el XIV y XV, a la par que separa a los fieles de la Misa y del ministerio pastoral de los Obispos en las Catedrales, los aleja de las de sus Párrocos y acaba con las asambleas parroquiales del Domingo, a pesar de las constantes y enérgicas protestas de la Iglesia por sus Concilios provinciales que repetían la prohibición a los Religiosos y Sacerdotes no párrocos de tener Misas, Oficios y predicaciones los Domingos y Fiestas en sus iglesias para no impedir a los fieles que acudieran a sus respectivas Parroquias(2).
En el siglo XVI, por último, se da un paso definitivo en la descentralización por la Constitución Apostólica Intelleximus de León X, que declara que los Domingos y Fiestas se puede oír Misa en la Iglesia de los Religiosos mendicantes sin cometer pecado mortal ni contraer penas canónicas.
Hoy apenas queda del rito de la concelebración otro rastro que la Misa de la ordenación de los presbíteros y la Misa y Consagración de Oleos del Jueves Santo.
¿Qué hace entre tanto el Arte? Huye y se emancipa de la Liturgia, como los fieles. Veréis la historia...

Cómo coincide con la decadencia de la Liturgia la emancipación y engreimiento del Arte.

Para el fin de estas líneas, que es señalar las relaciones del arte con el altar, me basta hacer constar que con la desaparición del rito de la  concelebración, y repito, no sé si como causa o efecto, se inicia en la Iglesia un largo período de decadencia litúrgica y que quizás el elemento que más sintió los efectos deplorables de esa decadencia fué el más digno de todo respeto, el altar.
Es muy digna de ser estudiada la evolución por la que le hacen pasar la ignorancia y decadencia del espíritu litúrgico de los directores y mecenas del arte llamado religioso. ¡Lástima que un arte tan fino, rico y pródigo tuviese tan desacertados consejeros!
A grandes rasgos, no más, expondré las dos curvas divergentes, que comienzan a correr dentro del templo, la Liturgia y el Arte a partir del siglo XIII. 
Ved si no en ese tiempo lo que fué diciendo y haciendo el Arte.

El trono del Obispo desaparece


Si el Obispo no ha de decir su Misa, pública y solemne ya tan frecuentemente, mirando al pueblo desde el lado allá del Altar como en la Misa de concelebración, ¿por qué ha de quedar su trono tan detrás del Altar? Pongamos al Obispo en donde se vea más cuando tenga que ir a su Catedral.
Con un dosel de quita y pon al lado del Evangelio tenemos ya bien colocado al Obispo... cuando vaya a su Iglesia. 

Aparece el retablo

Quitado el sitial del Obispo del fondo del Presbiterio, ¡quedaba tan desairado el altar!... Podríamos agrandar un poquito los Dípticos o Trípticos o sacras y; en vez de los nombres de los vivos y difuntos por los que había que pedir, a los que había que encomendarse, podríamos pintar unas imágenes o colocar unas estatuas o relicarios... y comienzan los respaldos o retablos (retro tabulam) que llegan a ser los enormes retablos de batea del estilo ojival con un sin fin de tablas primorosamente pintadas o esculpidas y los exagerados retablos del Renacimiento repletos y recargados de pórticos y columnas, frutas y flores, cuernos de la abundancia y ángeles mofletudos y cariátides grotescas. 

El baldaquino suprimido
A medida que se agrandan y recargan los retablos desaparecen los baldaquinos, el dosel de honor para el más augusto lugar del templo y la función más santa.

La Cruz errante

Y falta sitio para la Cruz grande, el elemento litúrgico. indispensable, y es colocada como remate de las elevadas bateas góticas y tan alta, por consiguiente, que cuesta trabajo mirarla o se queda definitivamente sin sitio ¡en el altar! como en la mayor parte de ios demás retablos en los que parece que la han condenado a estar perpetuamente errante, delante de la puertecita del Sagrario y sujeta por tanto a los movimientos de ésta, dentro del Manifestador (lo que está prohibido) cuando no hay manifiesto o como remate diminuto de la Sacra central.

¡Hasta el altar peligra!

Las mesas del altar en este desquiciamiento litúrgico se adhieren o adosan a esos ehormes muestrarios de colores y tallas, de fauna y flora doradas, como una cornisa, un. saliente más cuando no como un arca para guardar cosas viejas o un apéndice de quita y pon, como antes con el sitial del Obispo, del que se puede prescindir o usar para que sirva de sostén a floreros, candelabros, nubes y demás bambolla en las grandes iluminaciones de las pomposas Novenas y ruidosas funciones.
¡Pobre altar litúrgico! ¿Podía rebajarse y desnaturalizarse más? Habría que despojarlo más aún.

Presbiterio sin presbíteros
Aunque la Liturgia y el Dogma habían convenido en representar el Sacerdocio como un círculo cuyo centro es el Sacrificio y el arte litúrgico puso el altar del Sacrificio en el centro del Presbiterio o lugar de los Presbíteros, el arte ignorante de la Liturgia se dijo: Dejemos los presbiterios para que luzcan más y mejor nuestros vistosos retablos; en cambio hagamos para el Clero unos magníficos coros de mucha talla, de mucha riqueza artística y pongámoslos en medio de las iglesias para que se vean mejor y se admiren más nuestros alardes artísticos... 

Los quejidos de la Liturgia
Pero ¿y los fieles, cómo verán el altar en esas Catedrales truncadas? ¿Cómo asistirán en familia  a la Misa?, replicaba la ofendida Liturgia. ¡No importa, proseguía altanero y engreído el  Arte: ya haremos muchas capillas y altarcitos, con muchos primores también, para que cada cual vaya a Misa y rece en donde quiera, según su piedad y gustos particulares.
Pero ¿y la Misa pontifical o parroquial oída y participada por todos? ¿y el culto colectivo?, suspiraba la angustiada Liturgia.
—¡Antiguallas!, replicaba el engreído vencedor, ¡el Arte ante todo!

La tiranía artística triunfa


Y siguió el camino de devastación del sentido litúrgico y de ostentación a todo trance y por encima de todo, y en lugar de la graciosa balaustrada baja que separaba el presbiterio del lugar propio para los cantores y para el pueblo fiel, forjó y cinceló unas cancelas altísimas, de gruesos y labrados barrotes de hierro o bronce de complicadísimos adornos y encajes, elegantes, atrevidas, preciosas... pero con toda su preciosidad, más propias para quitar los Santos Misterios y Sagradas Ceremonias de la vista del poco pueblo que aun cabe entre el Altar y el coro de en medio de la Iglesia...
Y prosiguiendo su desaconsejado camino, labró unas cruces y ciriales procesionales de cincelados y filigranas de tan subido valor, como-pesados, que o no podían ser llevados en la procesión por el muchas veces viejo subdiácono ni por los niños de coro y sí sólo por mozos de cordel alquilados y uniformados para ese oficio... 
Y colocó los Sagrarios, ¡la despensa del Pan espiritual de cada día! en lo más alto de los Altares y los Manifestadores de S. D. M, en lo más empinado e inaccesible de los mismos, y para pasear triunfalmente al Santísimo Sacramento por las calles fué construyendo Custodias tan ricas como pesadas y superiores a las energías del Sacerdote más forzudo, cuyas manos consagradas son el mejor trono y la mejor silla gestatoria de Jesús, y hubo menester echar mano de andas que las hizo muy vistosas, es verdad, pero que sin el empuje de mozos de .cuerda no pueden moverse...

Y puso los ojos en las Imágenes sagradas y ¡cómo las vistió y las revistió a las veces!, y ¡cómo las acompañó hartas veces, en lienzos y retablos, en respaldos y sillerías de coro, en exornos de pilares y portadas de templos y en las piedras de los mausoleos y criptas, de dioses de la gentilidad pagana, y de figuras y símbolos
profanos y atrevidos!...

Y, a fuerza de dilapidar los tesoros con que la Piedad, desorientada o poco ilustrada, lo alimentaba, el Arte empobrecido, parece que empleó sus últimos alientos en empobrecer y desfigurar los ornamentos sagrados... y las solemnes y vistosas casullas se trocaron en las raquíticas guitarras de nuestros días, las dalmáticas y capas amplias de ricas imaginerías bordadas a mano, en recortados mandiles y capitas inglesas de algodón o seda vegetal, con imaginería de fábrica o de pintura, del mismo modo que a las ricas y suntuosas edificaciones de piedra o ladrillo tallado sucedieron los góticos de repostería y las edificaciones de cemento armado y las imágenes de cartón madera...
Pero ¿a qué seguir?
¡Si con lo apuntado sobra para justificar el título de engreimiento tiránico con que califiqué este segundo período de la historia o monografía que vengo haciendo de las relaciones del Arte con la Liturgia y especialmente con el altar litúrgico!

Suum cuique


Y de esa historia y de los testimonios que aun quedan, salta a la vista de todos que, por muy digno de estima, admiración y encumbramiento que sea el Arte, están por encima el cariño y la veneración que a la Liturgia se deben y todos los títulos nobiliarios y servicios inapreciables de aquél no pueden impedir que al gesto de gratitud honda y larga que la Iglesia le debe, se mezcle el ¡ay! de lastimada y despreciada.


Notas:

(1) Del Pontífice León III cuentan sus biógrafos que concelebraba con su Clero cada Domingo ocho y nueve Misas para que todo Roma pudiera asistir a la Misa Pontifical y participar de ella.

(2) La Colección de Concilios de Mansi está llena en sus tomos 23, 24 y 25 de documentos conciliares de esta índole.

Hasta aquí esta interesantísima exposición de la decadencia de la espiritualidad con un pie más real y menos racionalista que el de la teoría del elefante barroco. El pie que se posa sobre la Lex Orandi y la decadencia litúrgica, que se traduce en decadencia de vida cristiana en pro de ostentación de la propia obra en la que uno contempla su vida cristiana. Finalmente dire que uno se siente tentado de no dejar de señalar como esa teoría wanderiana se niega a ir más allá del siglo XV en contemplar los orígenes del desastre que debe ser arreglado. Esto como ven no ocurre en este santo obispo dando líneas muy interesantes que como bien dice deja a los especialistas en sus detalles. Ello me lleva a preguntarme si no hay algo subconsciente que revierte en dicha teoría sin necesidad de que salga a la luz. Digamos que se podría notar en ello, siendo mal pensados, el mal de la Conquista de América. La llegada de los españoles en el siglo XV como el comienzo de todos los males para el Nuevo Mundo. "La cosa" así vuelta, se presenta como mucho más comprensible si entendemos que en teología también pueden existir conquistadores odiosos en ese siglo. No creo que sea esto, pero de las fuerzas interiores e inconscientes del hombre, a pesar de Freud, sólo Dios sabe.

M.D
.
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(*) En otra entrada de su blog dirá:
Insisto en el asombro que me causa el empecinamiento de muchos amigos en mantener la propia voluntad en un rol protagónico en el camino de salvación, en desmedro, a veces, de la centralidad de la gracia.
Coincidiendo con Ludovicus, adjudico esta actitud a la influencia barroca, o a la espiritualidad moderna contrareformista y, consecuentemente, al olvido de la espiritualidad cristiana tradicional, aquella emanada de las enseñanzas de los Padres y, a través de ellos, de la enseñanza apostólica.
Una de las características del barroquismo espiritual, nacido con la modernidad es la insistencia en la etapa ascética de la vida cristiana, otorgándole, incluso, una gran autonomía y desconexión con el resto del camino de perfección.
(**) El prólogo de la tercera edición dice así: Quemados los restos de la 2ª edición por obra y desgracia de los rojos otra vez en Málaga durante su tiranía de 1936, allá van de nuevo estaas páginas para ayudar a la restauración de tanto Arte religioso destruido en España.

jueves, 13 de octubre de 2011

Palabras que se lleva el viento... (I)

Por esto el Evangelio y los Doctores
se olvida, y nada más las Decretales
se estudian, cual sus márgenes indican.

Creo que todos pueden imaginarse la gran alteración que en su día supuso la encíclica Humanae Vitae. No se si todos saben su historia real. La resumiremos con una cita del inestimable Iota Unum de Romano Amerio:

Habiéndose pronunciado en el aula, incluso por bocas cardenalicias (Léger y Suenens), nuevas teoríıas que rebajaban el fin procreador del matrimonio y abrían paso a su frustración (mientras elevaban a pari o a maiori su fin unitivo y de donación personal), Pablo VI hizo llegar a la comisión cuatro enmiendas con orden de insertarlas en el esquema. Se debía enseñar expresamente la ilicitud de los métodos anticonceptivos antinaturales. Se debía declarar igualmente que la procreación no es un fin del matrimonio accesorio o equiparable a la expresión del amor conyugal, sino necesario y primario. Todas las enmiendas se apoyaban en textos de la Casti connubii de Pío XI, que habrían debido insertarse. Las enmiendas fueron admitidas, pero no así los textos de Pío XI. Mientras tanto la cuestión de los anticonceptivos era consultada a una comisión papal, y fue después decidida con la encíclica Humanae vitae de 1968,

Así el Papa escamoteaba a la creatividad de los padres conciliares un elemento clave de doctrina moral sexual tan necesario para el buen fin de la sociedad que se nutre de los matrimonios. La Humanae Vitae condenaba claramente los medios anticonceptivos antinaturales y del aborto, entre otras cuestiones que abordaba en la moral sexual matrimonial, y marcaba el ostracismo de Pablo VI, que fue totalmente abandonado por muchos en esta cuestión. Dio comienzo una rebelión en la Iglesia, como mostraba la revista Time.  Teólogos de fama, obispos y hasta Conferencias Episcopales enteras se opusieron, como fue el caso de la Conferencia Episcopal Canadiense, que a día de hoy sigue sin haber rectificado la Declaración de Winnipeg de 1968 donde repudiaban la aplicación pastoral de la Humanae Vitae y la dejabna a la libre decisión de la conciencia subjetiva mientras se adherían al Papa. Un auténtico cisma de los obispos de toda una nación con materia doctrinal claramente definida por medio y que la Santa Sede ha ignorado hasta el día de hoy a pesar de que en las nota doctrinal que acompaña a la Professio Fidei se hace mención expresa de la autoridad con la que se proclamaba la Humanae Vitae en la nota que acompaña al siguiente texto:

La segunda proposición de la Professio fidei afirma: "Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres, propuestas por la Iglesia de modo definitivo". El objeto de esta fórmula comprende todas aquellas doctrinas que conciernen al campo dogmático o moral (13), que son necesarias para custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe, aunque no hayan sido propuestas por el Magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas.

_________
13. (13) Cf. Pablo VI, carta encíclica Humanae vitae, 4: MS 60 (1968) 483; Juan Pablo II, carta encíclica Veritatis splendor, 36-37: AAS 85(1993) 1.162-1.163.

 Esperaremos sentados que a la Conferencia Episcopal Canadiense le propongan preámbulos doctrinales para firmar. A lo más presentarán a redescubrir la Humane Vitae sin mojarse en retractación alguna, que es lo que de facto, han hecho en 2008.

Escuchemos de nuevo a Romano Amerio:
Aún en el Sínodo de Obispos de 1980, el Grupo B de lengua francesa afirma: El Grupo se adhiere sin reservas a la Humanae vitae, pero haría falta superar la dicotomía entre la rigidez de la ley y la ductilidad pastoral. La adhesión a la encíclica se convierte así en puramente vocal, porque más que ella lo que importa es plegarse a la ley de la humana debilidad (OR, 15 octubre de 1980).

Y así están y siguen las cosas a día de hoy. Nadie propone medidas anticismáticas al que disiente de esta enseñanza aunque muestre su amor al Papa adhiriéndose a él. Tenemos un tonto climax cuando al Papa se le ocurrió  hacer un pinito intelectual en la entrevista Luz del Mundo y hablar de algún caso de justificación de los preservativos. Una doctrina que se acata, pero no se cumple y a la espera de un resquicio en cualquier dicho del magisterio para poder bordearla por entero con toda autoridad, caso de tantos teólogos que una y otra vez crean el estado de opinión propicio para ello.

¿Creen que es una novedad esto que ocurre en la Iglesia? ¿Creen que no ha pasado antes esto de bordear la doctrina en sus aspectos morales más serios? Pues a ver quien adivina la próxima encíclica y la doctrina moral que exponía de la que voy a hablar para ir entendiendo algo de los males de la Iglesia. Una pista en una cita de San Pablo:

Porque la raíz de todos los males es la avaricia, y muchos, por dejarse llevar de ella, se extravían en la fe y a sí mismos se atormentan con muchos dolores. (1 Ti 6, 10)
M.D.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Hispanidad? ¿Alguien la ha visto?

y otro que por sí misma se escondió
la luz, y que en la India y en España
hubo eclipse lo mismo que en Judea.


Dicen que apareció por primera vez en el siglo VI de la mano del III Concilio de Toledo, se abrió a la madurez en el siglo XV y XVI con el descubrimiento del Nuevo Mundo y desapareció en los siglos XIX-XX entre grandes aclamaciones de que estaba más viva que nunca. Hoy, en pleno siglo XXI anda totalmente desaparecida aunque muy festejada. ¿La ha visto alguien? Si la ven me avisan, gracias.

¿Me diréis que hay otros hombres y otras ideas que pueden servir de base a la hispanidad y amasar los pueblos de la raza en una gran unidad para la defensa y la conquista? ¿Cuáles? ¿La democracia? Ved que en la vieja Europa sólo asoman, sobre el mar que ha sepultado las democracias, las altas cumbres de las dictaduras. ¿El socialismo? Ha degenerado en una burguesía a lo Sardanápalo, porque será siempre una triste verdad que humanum paucis vivit genus: son los vivos los que medran cuando no estorba Dios en las conciencias. ¿El estatismo? Pulveriza a los pueblos bajo el rodaje de la burocracia sin alma. ¿El laicismo? Nadie es capaz de fundar un pueblo sin Dios; menos una alianza de pueblos. ¿La hoz y el martillo del comunismo? Ahí está la Rusia soviética.

Catolicismo, que es el denominador común de los pueblos de raza latina: romanismo, papismo, que es la forma concreta, por derecho divino e histórico, del catolicismo, y que el positivista Comte consideraba como la fuerza única capaz de unificar los pueblos dispersos de Europa. Una confederación de naciones, ya que no en el plano político, porque no están los tiempos para ello, de todas las fuerzas vivas de la raza para hacer prevalecer los derechos de Jesucristo en todos los órdenes sobre las naciones que constituyen la hispanidad. Defensa del pensamiento de Jesucristo, que es nuestro dogma, contra todo ataque, venga en nombre de la razón o de otra religión. Difusión del pensamiento de Jesucristo, del viejo y del nuevo, si así podemos hablar, de las verdades cristalizadas ya en siglos pasados y de la verdad nueva que dictan los oráculos de la Iglesia a medida que el nuevo vivir crea nuevos problemas de orden doctrinal y moral. La misma moral, la moral católica, que ha formado los pueblos más perfectos y más grandes de la historia; porque las naciones lo son, ha dicho Le Play, a medida que se cumplen los preceptos del Decálogo. Los derechos y prestigio de la Iglesia, el amor profundo a la Iglesia y a su cabeza visible, el papa, signo de catolicidad verdadera, porque la Iglesia es el único baluarte en que hallarán refugio y defensa los verdaderos derechos del hombre y de la sociedad. El matrimonio, la familia, la autoridad, la escuela, la propiedad, la misma libertad, no tienen hoy más garantía que la del catolicismo, porque sólo él tiene la luz, la ley y la gracia, triple fuerza divina capaz de conservar las esencias de estas profundas cosas humanas.

(Apología de la Hispanidad del cardenal Gomá. De las conferencias dadas en Buenos Aires en 1934.)
M.D.







martes, 11 de octubre de 2011

Terremoto histórico: Roberto De Mattei vencedor del Acqui Storia

Mas comparar los méritos y el premio
de nuestra dicha también forma parte,
no viéndolos mayores ni menores.


El profesor Roberto de Mattei ha sido el vencedor en la 44ª edición del premio Acqui Storia en el apartado "histórico científico". El premio es el más prestigioso de Italia en el campo historiográfico y uno de los más importantes de Europa con claro renombre internacional. ¿La obra vencedora?

Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta 
(El Concilio Vaticano II. Una historia nunca escrita)

De esta obra se ha hablado mucho desde que salió en Diciembre de 2010. Ahora se volverá a hablar, sobre todo porque ha desencadenado un terremoto con la pataleta que ha montado Guido Pescosolido, el presidente del jurado (único opuesto a conceder el premio contra el voto unánime del resto), que ha preferido dimitir antes que reconocer el mérito de esta original obra o emitir un voto particular sobre la misma. Una carta a dicho señor por parte del asesor de cultura de Acqui, Carlo Sburlati, dice que no comprende dicha actitud ya que en el proceso de selección de dicha obra como finalista el mismo Pescosolido habría aceptado el mérito de la misma, aunque no hubiera votado por ella. Lo hizo afirmando este texto con el resto del jurado:

«il volume di de Mattei costituisce una originale e completa ricostruzione del Concilio Vaticano II, in una prospettiva storiografica attenta anche al contesto generale dell’epoca e non solo alle vicende ecclesiali e teologiche, queste ultime per altro trattate con grande competenza e rigore scientifico. Basata su un’ampia letteratura e su accurate ricerche d’archivio, l’opera si colloca in maniera originale nel dibattito sulla continuità o rottura rappresentata dal Concilio»

Obviamente hay algo raro en esta improvisada dimisión dos días antes del certamen donde habría de entregarse el premio y nos da una idea de las fuerzas en juego y hasta que punto de irracionalidad (anti-Logos) pueden llegar en algunas posiciones sobre las que se han construido cuarenta años de engaño y de demolición de la Iglesia en una falsa hermeneútica del Concilio, cosa que recuerda mucho a la polémica que en España se ha dado sobre la revisión histórica rigurosa y a contracorriente de nuestra Guerra Civil por parte de autores como De la Cierva, Angel Martín David Rubio o Pio Moa. Así mismo volvemos a constatar lo complicado de una correcta hermeneútica si no se aborda un serio debate a todos los niveles bajo la guía del magisterio sobre la génesis, desarrollo, interpretación y aplicación de lo que conocemos como Concilio Vaticano II.



El profesor de Mattei es uno de los firmantes de la carta remitida al Papa pidiendo la revisión del Concilio Vaticano II que presentamos en su día este blog. Por nuestra parte, felicidades al Profesor de Mattei y a todos los que aman la verdad de las cosas en aquellos que la dicen y no por quienes la dicen. Próximamente expondré un resumen de la labor historeográfica al respecto.

M.D.

Acudamos a Santa Catalina de Siena

recuerdame, soy Pía, me hizo Siena,
Maremma me deshizo: bien lo sabe
aquel que, luego de poner su anillo,
con su gema me había desposado.

He decidido poner el blog bajo el patrocinio de Santa Catalina de Siena por varias razones. Destaco tres. En primer lugar por su gran amor a la Iglesia. Un amor que no escatimaba en decir la verdad opportune et inopportune a cualquiera dispuesto a oirla. En segundo lugar por su rango de doctora de la Iglesia y dada la devoción que tengo a las tres doctoras de la Iglesia, con las que me encuentro mucho más en mi salsa que con los doctores, quizás porque son mujeres con los pies bien en el suelo lo que siempre viene bien a los hombres con altos ideales. Y en tercer lugar por esto que tomo del artículo dedicado a ella en la Enciclopedia Católica:
El "Diálogo" especialmente, que trata de la totalidad de la vida espiritual del hombre en la forma de una serie de coloquios entre el Padre Eterno y el alma humana (representada por la misma Catalina), es la contraparte mística en prosa de la "Divina Comedia" de Dante.
Visto lo cual, era más que obligado el encomendarnos a ella. Máxime en la presente situación de la Iglesia. He encontrado esta oración que me place mucho:

¡Oh gloriosa virgen Catalina!, a medida que os consideramos reconocemos en vos a la Mujer Fuerte de los Libros Santos, el prodigio de vuestro siglo, la antorcha luminosa de la Iglesia, la criatura dotada de incomparables dones y que supo reunir las dulces y modestas virtudes de las vírgenes prudentes a la intrepidez y al valor de los héroes. Volved, os rogamos, desde el cielo, vuestros ojos sobre la barca de Pedro, agitada por la tempestad, y sobre su augusto jefe, que ora, vela, gime, exhorta, combate y espera. Mostrad hasta donde llega vuestro poder cerca de Dios, obteniéndonos a todos el celo para adelantar en las virtudes evangélicas, especialmente en la humildad, la prudencia, la paciencia, la bondad y la diligencia en la práctica de los deberes de nuestro estado.

Mantened la concordia de nuestra gran familia y convertid a la Fe a los incrédulos del mundo entero; obtened para nuestra patria la paz verdadera, es decir cristiana, para nuestra Santa Madre la Iglesia el triunfo completo sobre el mal, por la Verdad, el sacrificio y la caridad. Amén.


Permitidme una nota final referente a la cita de la Divina Comedia que encabeza esta entrada:

Dante no pudo conocer a Santa Catalina porque murió antes de que ella naciera (Dante muere en 1321 y ella nace en 1347), En esos versos Dante se refería a una dama de Siena llamada Pía de Tolomei que según la leyenda su marido sospechaba que ella le era infiel, aunque en realidad era inocente, pero no la quiso asesinar por temor a la reacción de la familia, así que la llevó a su castillo de Maremma convencido de que los aires nocivos del lugar obrarían el mismo efecto. Tanto tardaba ella en morir que el hombre se impacientó y mandó defenestrarla arrojándola por una ventana del castillo. Los detalles de la leyenda no están siempre claros. En la wikipedia italiana se cuenta la historia.

Sin embargo esos mismos versos, sacándolos de su contexto en el purgatorio de Dante, se pueden aplicar perfectamente a Santa Catalina. Es la pía dama que nacida y criada y habiendo recibido la vocación en Siena (Siena la hizo) fue deshecha en la Maremma. Allí en la región de Florencia fue donde más peligro corrió en su ministerio público (había sido enviada por el Papa para lograr la paz) llegando a sufrir un atentado que le hizo sufrir mucho por pensar que por sus pecados no había sido digna del martirio. No obstante durante todo el periodo violento conocido como "tumulto del Corni" permaneció en esa región sin abandonarla. La referencia final al que le puso el anillo nos recuerda su desposorio místico con Cristo. En 1366, Santa Catalina experimentó lo que se denominaba un ‘matrimonio místico’ con Jesús. Cuando ella estaba orando en su habitación, se le apareció una visión de Cristo, acompañado por Su madre y un cortejo celestial. Tomando la mano de Santa Catalina, Nuestra Señora la llevó hasta Cristo, quien le colocó un anillo y la desposó consigo, manifestando que en ese momento ella estaba sustentada por una fe que podría superar todas las tentaciones. Era un anillo de oro con un gran diamante rodeado de cuatro perlas pequeñas: el duro diamante de la fe y las perlas de la pureza de intención, de pensamiento, de palabra y acción. En adelante, Catalina llevó siem­pre su anillo nupcial, pero sólo era visible para ella, y a inter­valos desaparecía a sus ojos, con lo cual conocía que su Esposo no estaba contento de ella. Entonces lloraba amargamente, confesaba su falta, y el anillo volvía a despedir sus vivos resplan­dores.

M.D.

lunes, 10 de octubre de 2011

Dante, Don Bosco y los ángeles tibios... La dimisión del Papa. (II)

Y, cual persona cauta, él me repuso:
«Debes aquí dejar todo recelo;
debes dar muerte aquí a tu cobardía.

1. La percepción de la tibieza en la Divina Comedia.

Les había dejado una entrada del blog Ex Orbe donde podían apreciar hasta que punto fue sonada una dimisión del Papa y entendida por Dante como acto de tibieza que le hacía poner al Papa Celestino V en la legión de almas tibias que están fuera del infierno, dando vueltas sin parar al mismo sin llegar al purgatorio o al cielo. Celestino, un ermitaño y amigo de la vida austera y penitente, fue canonizado posteriormente, pero eso no es óbice para que Dante señale poéticamente su miseria al renunciar de su oficio de piloto en la Barca de Pedro.
Es este un punto interesante, pues nos muestra que a pesar de reconocerse una vida santa en alguien, se le puede criticar en aquellos actos que son reprobables y en los que no se presenta como ejemplo. Esto en teología espiritual ha dado a hermosos libros sobre los defectos de los santos. Un punto muy ignorado por la falsa devoción de tantos que entiende en los santos poco más que superhombres incapaces de error o pecado alguno. ¿No decía acaso Don Bosco que temía que la casa se hundiera sobre sus muchachos y él mismo si les contaba sus pecados? Parece necio repetirlo, pero santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta de sus caidas. Si esto se entendiera bien, tal como ha sido siempre en la mente católica, casos hodiernos sangrantes como el pontificado de Juan Pablo II no causarían problemas, pues el beato puede perfectamente haber cometido errores y tener defectos como cualquier hombre, sólo que al final de su vida ha predominado la caridad de modo excelso y quizás en un momento en que ya apenas podía regir los destinos de la Iglesia con toda su voluntad. Ese final de siervo doliente parece algo similar al final del mismo San Celestino, que no murió asesinado como se cuenta, pero sí vivió sus últimos años de modo ejemplar, sin la debida libertad, enfermo y confinado por su sucesor Bonifacio VIII no fuera a ser que lo elevaran como antipapa. Como se dice: en el pecado llevó la penitencia. No quiso sufrir siendo Papa y tuvo que sufrir el dejar de serlo.

Dante es un autor singular. Es el único artista católico, el único poeta, que ha merecido una encíclica por parte del magisterio. Y es que es un autor singular porque su obra es singular. Después de la Biblia no hay nada como la Divina Comedia para mover al pueblo a la virtud y al amor a la Iglesia y transmitirle con toda sencillez las enseñanzas de la más alta teología escolástica y la doctrina católica. La encíclica es de Benedicto XV y las alabanzas magisteriales impresionan para no ser Dante una persona canonizada ni doctor de la Iglesia. Lamentablemente no hay traducción al español. Pongo aquí el enlace en la versión inglesa de la página de la Santa Sede de la encíclica In Praeclara Summorum.

Veamos como Dante aborda la tibieza y su castigo en su obra al llegar al infierno y nada más cruzar la puerta del mismo :

Con el terror ciñendo mi cabeza
dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho,
y quién son éstos que el dolor abate?» 

Y él me repuso: «Esta mísera suerte
tienen las tristes almas de esas gentes
que vivieron sin gloria y sin infamia. 

Están mezcladas con el coro infame
de ángeles que no se rebelaron,
no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. 

Los echa el cielo, porque menos bello
no sea, y el infierno los rechaza,
pues podrían dar gloria a los caídos.» 

Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto
y provoca lamentos tan amargos?»
Respondió: «Brevemente he de decirlo. 

No tienen éstos de muerte esperanza,
y su vida obcecada es tan rastrera,
que envidiosos están de cualquier suerte.

Ya no tiene memoria el mundo de ellos,
compasión y justicia les desdeña;
de ellos no hablemos, sino mira y pasa.» 

Y entonces pude ver un estandarte,
que corría girando tan ligero,
que parecía indigno de reposo.

Y venía detrás tan larga fila
de gente, que creído nunca hubiera
que hubiese a tantos la muerte deshecho. 

Y tras haber reconocido a alguno,
vi y conocí la sombra del que hizo
por cobardía aquella gran renuncia. 

Al punto comprendí, y estuve cierto,
que ésta era la secta de los reos
a Dios y a sus contrarios displacientes. 

Los desgraciados, que nunca vivieron,
iban desnudos y azuzados siempre
de moscones y avispas que allí había. 

Éstos de sangre el rostro les bañaban,
que, mezclada con llanto, repugnantes
gusanos a sus pies la recogían.

Para Dante la definición del tibio no es meramente espiritual o de vida interior. Hemos adquirido la costumbre de minimizar a la vida interior personal la vida del cristiano. Pero la vida del cristiano, su propia vida interior es también vida comunitaria ad extra. Vida social que surge de la misma vida interior. Y eso es así aunque se sea un ermitaño, cuya vida social se cumple en el amor de Dios por el cual se ha apartado de la sociedad. No se cuando, se redujo a la vida personal esta vida interior del cristiano, pero desde luego no fue en el periodo medieval. Hasta la Edad Media, la vida cristiana era eminentemente comunitaria, volcada a lo social. Hoy es al contrario. Incluso en el ámbito familiar se ha reducido esa dimensión comunitaria de modo que se tiende a vivir confundiendo la comodidad con lo que llaman el "espacio personal" y a la postre el dar rienda suelta a la propia individualidad egoista. Luego se preguntan porqué fracasan tantos matrimonios o porqué se tienen tan pocos hijos. Es obvio que para tales personas, el dejar poso en el mundo no se contempla si no es en vistas de tener una gran cuenta corriente o algo que incida sobre ellos como posesión personal, hijos incluídos. Poco a poco la inmensa multitud se acomoda a vivir sin gloria ni fama. Siendo del montón y no destacando para no perder lo poco que conserva y quiere conservar. Ni enemigos de Dios ni enemigos de sus enemigos. Ni siquiera merecen que en su suplicio eterno, Dante y Virgilio hablen más de ellos.

La tibieza así entendida es mucho más amplia que la usual restringida a la acedia espiritual en el orden de aquel que le da igual al alma el salir del pecado venial. En Dante esto se enseña de modo muy práctico en un no tener cobardía no sólo ante sí mismos, sino ante el qué dirán. El hombre virtuoso no teme salir fuera y aplicarse virtuosamente a la comunidad, ya sea para gloria y fama, ya sea para descrédito e infamia. No tiene miedo en su lucha por erradicar el pecado porque está decidido en esa lucha con obras internas y externas ¿Cuando hemos visto un santo que no haya sido odiado y amado y temido y perseguido por el mundo? Eso es lo que se llama ser signo de contradicción. Por tanto la tibieza en la Divina Comedia, más allá de una pía consideración espiritual, la tibieza adquiere un volumen trágico y actual. Trágico porque son ingentes, una larga fila que jamás hubiera creido ser tal. Actual, porque es el mal endémico de nuestros días: un cristianismo aletargado, acomodado y comodón. Acaso no quedan de Juan Pablo II esas palabras: "no tengais miedo..."

En esta concepción de la tibieza, puede darse un caso que no suele ser contemplado. El del que guarda celosamente sus normas de piedad y su propia santidad de modo que se convierte en un cobarde que no es capaz de arriesgar lo que el cree que es "su" obra por miedo a perderla. Esta es la tibieza de los que habiendo recibido un don de Cristo lo entierran en sí mismos para no fructificarlo en la sociedad. Veremos hoy ingentes católicos de grandes vidas de piedad en movimientos y asociaciones, pero que luego no son nada. Son cobardes hasta para dar una opinión por miedo a perder la caridad. Es la tibieza rectamente entendida en toda su amplitud, que cuando afecta a los que tienen tareas de gobierno da lugar a que el mundo, que jamás es tibio sino enemigo del alma, se apodere de las estructuras que debían ser santificadas.

Para terminar de resaltar este aspecto comunitario de la tibieza en Dante tenemos esa extraña referencia a los ángeles tibios: el coro infame de ángeles que no se rebelaron, no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. Para Dante, como para la tradición católica, la comunidad se extiende no solo por lo natural, sino por lo preternatural hasta lo sobrenatural. El hombre entra en comunión con los ángeles no sólo en su gloria, sino en su castigo. Volveremos sobre estos ángeles tibios que acompañan a estos tibios en su eterna condena sin merecer cielo ni siquiera dignos de ser admitidos al infierno dando vueltas eternamente en la antesala del mismo anhelando la vida que no vivieron y siguiendo al estandarte ligero que nunca reposa, símbolo de su voluntad indecisa.

¿Notan una remembranza del castigo de estos tibios fijos en el estandarte a las ideas de Juan Escoto Eriúgena sobre los condenados? Eurígena decía que el único castigo eterno de ángeles y hombres debe consistir en que Dios impedirá eternamente la tendencia de la voluntad a fijarse en las imágenes, conservadas en la memoria, de los objetos deseados sobre la tierra. Dante no duda en ponerles con la voluntad fija en una imagen mundana y vacía que nunca desearon (la de ceñirse a una causa). Podría ser y entonces sería otra muestra de la profundidad teológica de Dante en su obra que llega hasta la parodia especulativa. No obstante, ya que citamos a Juan Escoto Eurígena, no se pierdan una más que interesantísima audiencia del papa sobre este teólogo medieval lleno de ideas sorprendentes.

M.D.

domingo, 9 de octubre de 2011

Hermeneútica de la continuidad (I)

y ningún otro modo le bastaba
a la justicia, si el Divino Hijo
no se hubiese humillado al encarnarse.

De todos es sabido que el Santo Padre nos invita a aplicar una "hermeneútica de la continuidad"  a los textos conciliares en lugar de un supuesto "espíritu del concilio" que habría resultado en un "contra-espíritu". La tesis de Gherardini acepta esto, pero no lo considera suficiente pues observa que ese supuesto "contra-espíritu" ajeno a la mente conciliar está ya presente de algún modo en la misma letra del concilio unido al auténtico espíritu conciliar,  haciéndose necesario una debida clarificación del magisterio al respecto y un arduo trabajo teológico (debate) para discernirlo sabiendo distinguir los distintos niveles dentro del texto conciliar.

Ya van dos libros que Gherardini, insigne eclesiólogo y profesor de la Laterana, ha dedicado al tema. Mucho se ha hablado del tema y mucho más queda por hablar en la Iglesia, pero lo que hace falta es un poco de divulgación de este debate teológico. Algo que precisamente ayudará a entender en qué consiste exactamente esa "hermeneútica de la continuidad". A tal fin quiero fijarme en un punto tan delicado como es la soteriología (parte de la teología que estudia la doctrina de la obra de la redención) y la economía sacramental tal como se había entendido en teología hasta 1962 y como pueda ser entendida después del concilio. Creo que este tema valdrá también como una especie de prueba del algodón para todos aquellos que defienden el Concilio dando palos de ciego a diestra y siniestra.

A tal fin conviene precisar y plantear como era entendida hasta tradicionalmente la soteriología y la economía sacramental inherente a la misma:

La doctrina de la redención se basa sobre dos afirmaciones fundamentales transmitidas por la Revelación:

  1. que Dios tiene una voluntad salvífica universal para con el hombre que ha expresado en Jesucristo.
  2. que Jesucristo ha satisfecho vicariamente y con sobreabundancia ante Dios por el pecado del hombre de modo que es Nuestro Redentor y Salvador.

Tales afirmaciones condicionan toda la soteriología, ya sea en el estudio de la posibilidad y necesidad de la Redención, como en la predestinación de Cristo, como en la obra de satisfacción que se da en la muerte de Cristo en la cruz, así como en el descenso a los infiernos, resurrección y ascención a los cielos.

Se hace necesario distinguir en la Redención, la obra de Cristo en sí misma, la salvación que nos alcanzó para todos y que vino a llamarse Redención objetiva, de la aplicación de esa obra a cada uno de los hombres en partícular, lo que vino a llamarse Redención subjetiva. O sea entender que el objeto de la Redención es salvar a todos los hombres (propter nos homines et propter nostram salutem, como dice el Credo) y el sujeto de la Redención es cada uno de los hombres, que debe hacer suyos los méritos de Cristo por la vida de la gracia según la economía sacramental que Dios ha querido otorgarnos para la Redención.

La economía sacramental consiste en la comunicación de los frutos de la redención de Cristo, mediante la celebración de los sacramentos de la Iglesia, de modo eminente la Eucaristía, hasta el fin del mundo donde volverá de nuevo para juzgar a vivos y muertos. O sea, es a la aplicación de los sacramentos, como causa de gracia, en y por la Iglesia, a la que corresponde la distribución y aplicación de la obra de la Redención a cada hombre, en concreto mediante la Eucaristía, fuente y fin de todos los demás sacramentos.

Una consecuencia inmediata de esta economía sacramental de la Redención es que la Eucaristía hace presente la Redención y su gracia para todos los hombres, no sólo para los católicos, pues no es otra cosa que la renovación incruenta del mismo sacrificio de Cristo en la cruz. Por eso no hay obra mejor para que Dios reparta su gracia que la Santa Misa y las intenciones que en ella se aplican. Esta labor redentora que se produce en la Eucatistía la vemos en las palabras de la consagración del vino (donde se termina de producir la eucaristía y que la significa más propiamente con el derramamiento de la sangre) se dice  "Que por vosotros y por muchos ha sido derramada" indicando, como enseñaba el catecismo de San Pio V, que si bien la satisfacción fue por todos los hombres, los frutos de la misma no alcanzan a todo hombre. La escolástica ha usado de las palabras suficiencia y eficacia para esta distinción, lo que ha dado lugar a grandes debates sobre la gracia eficaz que no es intención tratar aquí pero que han tenido una importancia crucial a la hora de abordar de modo práctico (pastoral) el modo en que se ha de llevar a los fieles a los sacramentos y el mismo entender la vida moral en Cristo.

El pelagianismo y el luteranismo, ambos en sus diversas versiones, son modos anómalos de entender la eficacia de la gracia y con ello la misma base de la Redención y por tanto son errores con base soteriológica muy definida en una negligente comprensión de la economía sacramental. Pelagio cree que la gracia se dispensa por nuestros propios méritos y no por los sacramentos. Lutero a la postre viene a prescindir igualmente de la economía sacramental en cuanto aplica directamente al sujeto la gracia como si este en nada tuviera que aplicarse y disponerse buenamente para recibir los sacramentos, que pasan a un segundo plano como símbolos de la gracia que ya se nos ha dado y no como auténticas causas de la misma. Fíjense que el error de base es muy parecido: menospreciar la acción de Cristo en los sacramentos como el medio ordinario querido por Dios para que la Redención llegue a todos los hombres.


Este menosprecio de la economía sacramental se traduce en la práctica en un menosprecio de Cristo y su obra. Ya sea porque se hacía confundir a la propia inmanencia con la salvación de Cristo (caso de Lutero que reacciona contra una extendida praxis inmoral en los que dispensan los sacramentos) ya sea porque se acaba confundiendo la obra de Cristo con la práxis y el mérito o eficacia de la misma (caso de Pelagio que reacciona contra una Iglesia que se llena de conversiones imperfectas y por tanto de fieles muy mediocres en su obrar). Al final ambos errores convergen sobre el mismo aspecto y parten de presupuestos eclesiales muy parecidos. Pero ambos olvidaban que si se ha de poner a Cristo en el centro de toda actividad humana, se lo ha de poner también en la realidad. No sólo en el mero devenir eficiente de la historia personal (Pelagianismo) ni en la mera interioridad que asume que está salvado en Cristo (Lutero), sino "in re" Y eso implica aceptar la economía sacramental con la que Dios ha ordenado la realidad en la nueva creación de la gracia que se va participando según la división de materia y tiempo. Lo interior y lo exterior del hombre han de referirse como fuente y final a los sacramentos de la Iglesia como acción del mismo Cristo si de verdad quiere uno entrar en comunión perfecta con Cristo en esta vida, al menos tal como en ella podemos estarlo. Resulta obvio que el cristocentrismo basado en los sacramentos de la doctrina católica es total y mucho más consistente teológicamente que el de una inmanencia al estilo del protestantismo o el de una mera praxis pelagiana. Cristo en los sacramentos precede a nuestra propia inmanencia y a nuestro propio obrar, lo cual está implicado en el "ex  opere operato", por el que los sacramentos producen la gracia, definido en Trento y que no es más que un modo de afirmar en ellos la primacía de la gracia. A la vez había que inculcar en todos los cristianos el temor de obrar por la propia salvación de modo que mediante la recepción frecuente y con buena disposición de los sacramentos se unieran a Cristo sin ninguna vana presunción de estar en gracia y sí con la humildad de sentirse necesitados de ellos como de alimento y vestido para poder vivir.

Hasta aquí a grandes luces y resumiendo mucho y obviando algunas cosas el estado de la cuestión soteriológica hasta el Concilio. Pasemos a ver lasnuevas líneas soteriológicas de la mano de algunas afirmaciones de Karl Rahner (Los textos de Rahner están tomados de la voz "soteriología" en Sacramentum Mundi.):

La soteriología no puede dar la impresión de que la acción objetiva de la redención de Cristo se consuma en nosotros y para nosotros sólo cuando es aceptada por el bautismo o, con libertad personal, por la fe que se hace operante en el amor. El estado de «redención» (que quizá en Pablo se llama dikaíosis) es un existencial de nuestra existencia, que nos determina ya (tan «interiormente» como el «pecado original»)

Aquí Karl Rahner parece ser que está simplemente afirmando la primacía de la gracia que antecede a nuestro propio ser: o sea, señalando la subordinación que hay de la Redención subjetiva a la Objetiva. Nada nuevo salvo la alusión al "existencial sobrenatural" muy discutible filosóficamente en sus presupuestos tomados de Heiddeger y que debería encender las luces de alarma de cualquier teólogo seriamente formado en filosofía sobre la intención de Rahner. El problema real surge cuando, en la práctica, Rahner nos desvela en qué se debe convertir la soteriología entendida desde ese presupuesto:

Una soteriología moderna en buen sentido, no debería dejarse situar ante el dilema, en último término falso, de tener que elegir entre «redención por sí mismo» y «redención por otro». Naturalmente, la redención, sobre todo porque la salvación se identifica con Dios mismo, en todos sus aspectos es la acción libre de Dios en el hombre, no condicionada por nada que esté fuera de aquél. Pero si la relación fundamental entre Dios y el mundo (en oposición a un «sinergismo» antropomórfico) se comprende y desarrolla rectamente, la acción divina es siempre una capacitación y dinámica de la acción del mundo, el cual así, transcendiéndose a sí mismo, se dirige hacia su consumación. Esto significa para nuestra cuestión que en la s. debe mostrarse la unidad interna y la trabazón entre redención «objetiva» y «subjetiva». Eso no crea ninguna dificultad, porque la «redención objetiva» en Jesucristo consiste precisamente en el acto subjetivo de su muerte obediente, en la cual él se entrega radicalmente a Dios como miembro de la humanidad. Si (presupuesto todo lo dicho) afirmamos además que no sólo entra en la vida eterna la «actitud» del hombre hecha definitiva como fruto de la historia de su libertad, sino también el resultado de su concreta acción corporal y mundana (aunque mediante una transformación que no podemos imaginar; cf. 1 Cor 15, 51ss); entonces la historia universal puede concebirse acertadamente como la acción moral con la que la humanidad se libera por sí misma de su propia enajenación. Esa acción ha de entenderse como posibilitada por la gracia de Dios, y así constituye un momento de la redención — rectamente entendida — de la humanidad por sí misma, como tarea que Dios le ha encomendado.
¡Pásmense los siglos! Para Rahner no supone dificultad alguna lo que en la Iglesia hasta ese momento había llevado siglos de debate y una cuestión abierta de las más difíciles de la teología dogmática: la de la eficacia de la gracia y como la voluntad de Dios expresada en Cristo (Redención Objetiva) se podía articular con la apropiación subjetiva, y por tanto libre, de la misma sin detrimento de la primacía de la gracia o de la libertad humana. Y eso lo hace Rahner con una sencilla recapitulación en uno de los dos errores que antes hemos mostrado: el de Pelagio y el de Lutero.  Por un lado se afirma que la Redención objetiva consiste en la acción subjetiva de Cristo y por el otro se añade que tal acción subjetiva es la de toda la humanidad que queda capacitada para salvarse a sí misma. Se ha confundido así finalmente la Redención objetiva con la subjetiva tal como hacía Lutero y por el otro lado se ha extendido la confusión a nivel de género humano (haciendo de la predilección en Cristo, la predilección de todo el género humano) y por tanto extendiendo la gracia a la praxis eficaz de toda la humanidad capaz de liberarse a sí misma por sus propios méritos, como hacía Pelagio. 

Esta nueva soteriología "católica" es netamente intramundana. Ya no hace falta aludir a Cristo en los sacramentos como acción de Dios en la realidad, porque la gracia está ya en mi misma inmanencia (existencial sobrenatural) y se muestra en el obrar eficaz de la humanidad (primacía de la praxis). El nuevo catolicismo de corte pelagiano y protestante, y podemos decir que también ateo y sincrético si contamos que ese prescindir de la fe y los sacramentos (economía sacramental) llega hasta el punto de considerar a muchos como cristianos anónimos en cuanto trabajan por la acción liberadora en el mundo,  tiene sus puertas abiertas. La teología de la liberación es una mera consecuencia de aplicar estos presupuestos dede la asumpción del marxismo, pero también pueden ser aplicados desde otras ideologías no menos extendidas que el marxismo hoy día, como el neoconservadurismo o cualquier otra ideología al uso. Aún en la misma base de la democracia se pueden asumir estos presupuestos y hacer, por ejemplo, de la Revolución Francesa un hecho salvífico en cuanto liberador de la humanidad. 

En su versión más mitigada y menos radical podría pasar a entenderse por algunos que la Iglesia es el único sacramento real que con su acción liberadora en el mundo (entendida como acción intramundana de los eclesiásticos fuera de toda economía sacramental) estaría dispensando la gracia de Cristo. Con ello entendemos porqué para algunos debe estar la Iglesia tan pendiente de instituciones mundanas y de otras religiones y porqué se hacen encuentros por la Paz en Asís, dando la impresión de una Iglesia sincrética mundial donde los sacramentos de Cristo han desaparecido en aras del mismo "dialogar" y "orar" juntos dejando la Eucaristía como algo que sólo atañe a los católicos por su simbología. Del llevar a los hombres a la vida de perfección por la gracia y enseñar la necesidad de una ley natural, se les lleva a una perfección intramundana convencidos de que eso es la gracia. Se piensa que haciendo la torre en Babilonia se llegará al cielo. La teología se ha invertido y ahora es antropología. En la debida proporción el giro ha afectado al ecumenismo. E insisto: algunos eclesiásticos, muchos, no tienen más que esa visión porque no tienen otros presupuestos teológicos que estos. 

La Eucaristía en el giro antropológico no podía sino ser un símbolo socializador de esta salvación ya presente: de producir y ser fuente de la gracia, pasaba a mero símbolo de que había hombres en gracia. De ahí que la traducción de la parte final de la consagración del caliz a la que nos referimos arriba omitiera en tantos idiomas el aspecto de que no siempre es eficaz para todo hombre y pasar a decir que la sangra había sido derramada simplemente "por todos los hombres". De ahí la pérdida del respeto sacro a la liturgia y su conversión en una mera técnica socializadora similar a las dinámicas de grupo y de por sí transformable y adaptable y experimentable sine fine.

Muchos católicos repudiarán instintivamente estos presupuestos cuando los vean aplicados en la práctica de los sacerdotes y de sus parroquias, a veces convertidas en centros sociales, antes que en familia sacramental. Veremos infinidad de artículos sobre obispos que antes que la doctrina, la fe y la moral y la salud de las almas de sus ovejas se den a actos sociales poco entendibles y menos asumibles.

Pero he aquí la prueba del algodón. ¿Cuantos de esos mismos católicos estarán decididos a denunciar los presupuestos soteriológicos rahnerianos cuando aparecen en los textos conciliares en afirmaciones de pasada y no tan de pasada introducidas por influencia del mismo Rahner, presente en el concilio (y con mucha influencia) en su calidad de perito? ¿Los denunciarían hoy en día cuando están a la base de la formación teológica de tantos obispos en la Iglesia?¿Serían capaces de pedir al magisterio una aclaración de los mismos en orden a una pastoral renovada que calaramente nos aparte de los peligros que conllevan? 

Está claro que no podrá haber hermeneútica de la continuidad si no se hace esta tarea de abrir debate y de afirmación magisterial sobre el mismo concilio tan necesaria. Porque precisamente como expresa Gherardini, entre otros muchos eclesiólogos, la continuidad no consiste en un mero acto de fe en que algo es continuo, sino que deben darse evidencias racionales de la misma en orden a que el obsequio religioso en aquellas cosas que no son de fe no sea una mera obediencia ciega e irracional impropia de la dignidad de los hijos de Dios. El Concilio tiene frases donde no sólo no se muestra la continuidad con la Tradición, sino donde alguien se podría apoyar en ellas para apartarse de la misma. Es necesaria más que nunca la labor de discernimiento teológico y de vigilancia del magisterio para poner todo esto en claro. ¿Aceptará el magisterio el reto propuesto por Gherardini y al que tantos nos sumamos de un gran debate que cierre por fin el posconcilio y de paso a recoger frutos?

Y si alguno cree que todo esto es una mera exageración sin fundamento propia de tradicionalistas ¿Podrían ustedes, por concretar con sencillos ejemplos, darme evidencias racionales de que estos oscuros textos de la Gaudium et Spes  está en continuidad con la Tradición de la Iglesia y las líneas de la soteriología católica y no con los errores de Rahner? ¿Podrían mantenerse tal cual en doctrina católica sin necesidad de una aclaración posterior del magisterio o podrían mantenerse simplemente como tales afirmaciones?

El hombre logra esta dignidad [la dignidad humana] cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes.(GS 17)

el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo (GS 24)

¿Podrían decirme como las ha tratado el magisterio posterior y como las ha empleado? Con eso ya habremos avanzado en orden a entender los problemas fundamentales que implica una hermeneútica de la continuidad.

M.D.