Mas pronto el Vaticano y otros sitios
elegidos de Roma, cementerios
de la milicia que a Pedro siguiera,
del adulterio habrán de verse libres
elegidos de Roma, cementerios
de la milicia que a Pedro siguiera,
del adulterio habrán de verse libres
No dejó de ser católico apostólico y romano nuestro genial Dante por decir esas palabras con las que encabezo el tema. Tampoco por mencionar a Constantino en relación con los males de la Iglesia:
Constantino, ¡de cuánto mal fue madre,
no que te convirtieses, mas la dote
que por ti enriqueció al primer patriarca!
Tampoco dejó de ser católico apostólico y romano Petrarca en su memorable soneto a las decadentes costumbres de la curia romana que figura en su cancionero donde también aparece Constantino. Un cancionero alabado y citado por los Papas por las altas obras de piedad cristiana que en él se encuentran.
Manantial de dolor, albergue de ira,
aula de errores, templo de herejía,
si Roma ayer, hoy Babilonia impía,
por quien tanto se llora y se suspira;
oh, cruel prisión, oh, fragua de mentira,
do muere el bien y el mal se ceba y cría,
infierno del mortal, ¡qué asombro haría
que Cristo no te hiciese arder en pira!
Fundada en la humildad de pobre establo,
contra tu fundador el cuerno se alza,
oh puta sin pudor, ¿cual fe es la tuya?
¿Adulterios? ¿Riquezas del diablo?
No Constatino hoy más te viste y calza;
pero en el triste mundo se destruya.
¿Verdad que eso de la Iglesia Constantiniana suena muy progre y propio de católicos pocos piadosos que no aman a su madre la Iglesia? Esos modos y esos epítetos tan desagradables. Aunque sea poesía medieval y aunque Dante haya merecido una encíclica y las mayores alabanzas de los últimos Pontífices, esa manera de hablar de la autoridad romana, de decir Roma y compararla con Babilonia, auspicia un seguro protestantismo merecedor de toda censura. Bueno, eso parece, pero no es así.
Podemos pasar a la época contemporánea y ver las palabras del que fuera creado cardenal por Juan Pablo II, por su gran servicio a la Iglesia. Sobre todo sirvió como perito estrella del Concilio Vaticano II y uha sido no de los grandes maestros dominicos de la Nueva Teología. Me refiero a Yves Congar. Lo siguiente está sacado de una carta dirigida a su madre cuando el Santo Oficio, como a tantos otros teólogos lde a época (J. Ratzinger incluído), lo tomó por sospechoso de herejía.
Lo que me ha hecho quedar mal no son las falsedades (a sus ojos) que haya podido decir, sino haber dicho una serie de cosas que a ellos no les gusta que se digan. Haber abordado los problemas sin alinearme en la única dirección que ellos pretenden imponer al comportamiento de toda la cristiandad y que consiste en esto: no pensar, no decir nada, a no ser lo siguiente: hay un papa que lo piensa todo, que lo dice todo, y obedecerle es lo que constituye a uno como católico. Su pretensión sería ser absolutamente los únicos, y que, salvo un exiguo sector libre en materias de poca relevancia, lo único que se haga sea repetir y orquestar totalmente sus «oráculos», exclamando: ¡realmente es genial! Me han atribuido una audiencia y una influencia que yo sé muy bien que jamás he tenido. Y esto no lo quieren.
El papa actual, sobre todo desde 1950, ha desarrollado, hasta la manía, un régimen paternalista consistente en que él, y sólo él, dice al mundo y a cada uno lo que hay que pensar y cómo hay que actuar. Pretende reducir a los teólogos al papel de comentaristas de sus discursos, sin que, sobre todo, puedan tener la veleidad de pensar algo, de tener cualquier iniciativa fuera de los límites de ese comentario: excepto, lo repito, en un margen muy estrecho, perfectamente acotado y vigilado, de problemas sin consecuencias.
Los dominicos franceses han sido perseguidos y reducidos al silencio [...] porque ellos eran los únicos que tenían una cierta libertad de pensamiento, de iniciativa y de expresión. Ciertamente, se trataba sólo de una libertad dentro de la ortodoxia, pero una ortodoxia cuyas fuentes son también la Biblia, los Padres, etc. [...]; y, sobre todo, somos [los dominicos franceses] los únicos, como cuerpo, libres en, y al servicio de, la verdad; los únicos, como cuerpo, que ponemos la verdad por encima de todo.
[...] Está claro que, en estas condiciones, el ecumenismo no puede estar bien visto en Roma. Ésta sólo lo concibe de una manera: la sumisión incondicional.
Es mero deshaogo y algo más. Una auténtica reclama contra un vicio burocrático que tiende a confundir el sentire cum Ecclesia con el sentir en y con la curia romana haciendo de la teología poco más que un comentario de las actas pontificias. Ese vicio parece seguir vivo hoy tomado como una virtud y el opuesto no es la progresía, como tontamente se quiere dar a entender. El opuesto es la libertad dentro de la ortodoxia, porque lo que se entiende por progresía no es sino la misma mente tiranica vestida de heterodoxia y libertinaje.
Pero volvamos a Roma, a Constantino y a ese "protestantismo medieval" esta vez de la lapidaria sentencia de un santo que además es Doctor de la Iglesia. San Bernardo no duda en decirle al Papa Eugenio de donde ha heredado la Iglesia algunas de sus costumbres:
Vives junto al sepulcro de Pedro. El jamás se presentó vestido de sedas, cargado de joyas, cubierto de oro sobre blanco corcel, escoltado por soldados y acompañado de vociferante séquito. Pero desnudo de todo, tuvo suficiente fe para creer que podría cumplir el mandato salvador: Si me amas, apacienta mis ovejas. En estas cosas has sucedido a Constantino, no a Pedro.
Y respecto a los malos actos e injusticias de la curia, sólo hay un responsable para San Bernardo:
Vamos a tratar ahora de tus asistentes y colaboradores. Son tus más adictos, tus más íntimos. Si son virtuosos, serán extraordinarios para ti; de lo contrario, pésimos. Cuando te duele un costado, no puedes decir que te encuentras bien. Es decir, no creas que eres bueno si te apoyas en los malos. Porque tu bondad, ella sola, a nadie beneficia, conforme lo expuse en el libro anterior. Tu justicia personal no puede solucionar nada a las iglesias cuando prevalece la sentencia de otros que no piensan como tú. Por otra parte, rodeado de esa gente, ni siquiera puedes estar seguro de tu bondad, como si tuvieras cerca de ti una serpiente. Si nos amenaza un mal interno, de nada nos sirve refugiarse. Al revés, el ambiente familiar es una ayuda continua si es benigno. En todo caso, te alivien o te abrumen, todo dependerá exclusivamente de ti, porque tú los elegiste o los admitiste. Claro es que no me refiero a todos. Algunos te eligieron a ti, y no al revés. Pero sólo gozan de la competencia que tú les hayas concedido o permitido. Así que estamos en as mismas. Tú eres el único responsable de todo cuanto debas sufrir por culpa de quienes sin ti nada pueden decir. Prescindiendo ya de éstos, como puedes ver, no obres a la ligera cuando tengas que seleccianar o reunir a los demás colaboradores para desempeñar sus oficios.
San Bernardo no tiene pelos en la lengua, como pueden ver. ¿Qué habría dicho por ejemplo de los encubridores de hoy y de la responsabilidad de los que los eligieron? A lo largo y a lo ancho de la historia de la Iglesia se multiplican por doquier estos ejemplos de libertad y conciencia católica. Algunos de ellos en santos y doctores. Todos en personas que quiere servir a la Iglesia sin tener que se complaciente con el mal o el mundo y que sin ceder a pasión alguna lo denuncian y combaten ahíí donde consideran necesario denunciarlo Es la grandeza de la libertad de los hijos de Dios. Libertad dentro de la ortodoxia, que no libertinaje heterodoxo ni puritanismo encubridor. Algunos que solo conocen de la Iglesia una parcelita no se acaban de enterar de esta verdad que les es tan lejana e ignorada como las Américas antes de ser descubiertas.
M.D.

