Así pues no interceptan su mirada
nuevos objetos, y no necesitan
recordar con conceptos divididos
nuevos objetos, y no necesitan
recordar con conceptos divididos
"Una imagen vale más que mil palabras". Es una frase que ya he usado antes. Una frase muy común que todos hemos usado alguna vez. Es una enseñanza sapiencial del saber popular que podríamos aplicar al rumor que alguien se empeña en correr por todos lados sobre la aprobación de la litugia neocatecumenal. Les dejo con esta imagen y ustedes mismos, sin necesidad de erigirse en nuevos Dan Brown saquen sus conclusiones:
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| "Ultima Cena" por Kiko Arguello |
Creo que es fácilmente comprensible el reparo que tantos tienen a la visión litúrgica neocatecumenal, máxime cuando esta se analiza a la luz de elementos tradicionales de la liturgia y de la misma teología. Obviamente, los que ignoran tales elementos son los que se prestan a decir que todo cabe y que todo es posible.
A veces tampoco cabe hablar de ignorancia, sino de una tendencia muy extendia en personas muy piadosas y muy instruidas que tiene su origen en un voluntarismo teologal y un inmanentismo teológico destructor de toda catolicidad. Siguiendo el título del tema les dejo una muestra verídica de a donde pueden llegar tales personas. Lo que sigue no lo ha dicho un progresista exaltado, ni una persona que en principio no sea piadosa:
A la pregunta de un brujo africano invocando a una deidad pagana en el suelo sagrado una iglesia de Asís responde así:
En realidad, el asunto, analizado de manera más serena y objetiva, en cuanto a "profanación de suelo Sagrado", no tiene mucho más trascenencia que el poner una fotografía y decir unas palabras elogiosas en un Templo Católico a aquel pariente que se las daba de comunista el día de su funeral.
Sobre el poner una estatua de Buda o de Lutero en lo alto de un altar, concretamente encima del sagrario, responde de esta manera:
En principio, en efecto, no pasa nada porque NO se trata de un culto idolátrico que ofenda a Dios
Esto lo corona el subsodicho con esta afirmación:
Vamos, incluso en determinadas circunstancias colocar una imagen de Nuestra Santísima Madre sobre el Sagrario podría no ser correcto.
Ustedes mismos pueden juzgar las afirmaciones. He hablado de persona instruída, pero claro. No me refería a instrucción litúrgica. Desde el concilio la instrucción litúrgica está en desuso. Es la señal más clara de lo vapuleada que ha sido la lex orandi y lo secundaria que se la considera.
Para empezar está totalmente prohibido en la Iglesia Católica el colocar nada encima de un sagrario ni el que este sirva de base a relicario o imagen alguna. Siempre es inconveniente poner una imagen sobre el sagrario, sea de Nuestra Madre o cualquier otra. No digamos ya una profana. Esto es a causa del respeto debido por la latría a quien se custodia en el sagrario y que hace que las normas dadas al respecto deban conservar. Basta para ello consultar el decreto de junio de 1973 Eucharistiae Sacramentum que confirma todas las normas anteriores en uso al respecto que, por tanto, siguen vigentes en la Iglesia, y que incluyen, por ejemplo, la obligación del uso del conopeo (hoy prácticamente extinguido). Sobre el sagrario sólo se permitía coronarlo con una cruz pequeña.
Pero creo que hay que profundizar más que convertir esto en una mera muestra de quien sabe más liturgia. Se trata de comprender el porqué del cambio tan drástico en la liturgia para poder aplicar las causas que den lugar a la verdadera reforma litúrgica tan necesaria en la Iglesia.
Al final la liturgia es la que sufre las consecuencias de la perversión de admitir el modo filosófico del mundo moderno, donde lo sacro lo es, en el sentido en que un sujeto lo considere y no tanto en el sentido objetivo que tiene. No es de extrañar que se piense que un acto sacrílego deje de serlo si el sujeto que lo presencia no se lo toma ofensivo. Es la suma impiedad, aquella de la que hablaba Santo Tomás, justificada por la inversión antropológíca de la teología como suma piedad.
En las comunidades neocatecumenales bajo mucha vida teologal y piedad se vive esta contradicción conciliar que más tarde o temprano debía aflorar en forma de "nuevo movimiento" o sea: institucionalizarse de algún modo en la Iglesia tras la constitución conciliar de haber sumido el pensamiento moderno como modo de hablar a los hombres. El inmanentismo y el voluntarismo que, para mi, es la principal expresión de ese objetivamente horrendo cuadro del principio.
La inversión antropológica de la piedad objetiva litúrgica parte del error de afirmar cosas como la de la nota 13 de la carta Dominicae Cena: "Es de señalar que el valor del culto y la fuerza de santificación de estas formas de devoción a la Eucaristía no dependen de las formas mismas, sino, más bien, de las actitudes interiores." que es algo totalmente cierto, pero prescindiendo del contexto filosófico adecuado (aquel de la filosofía perenne) donde la Iglesia contemplaba la vida teologal de la persona: lo interior se desarrollaba en lo exterior de modo objetivo y no subjetivo. Por tanto esas normas santfican en la medida que son "objeto" de la piedad de los fieles y la expresan y la encauzan y no bajo la equivocada percepción de que son cosas secundarias de las que se puede prescindir alegremente en función del sujeto por una comprensión más o menos inmanente o un dictado más o menos voluntarista. Sólo en la liturgia celeste, por razón de nuestra inmersión inmannente en Dios por el "lumen gloriae" prescindiríamos del conocimiento objetivo por ser nuestro único objeto de conocimiento la apropiación subjetiva de Dios por donación excelsa suya. Lo expresa perfectamente la cita de Dante con la que encabezo este tema. Tratar de hacer eso en la tierra, no es sino un principio errado.
El voluntarismo litúrgico no sólo muestra sus perniciosos efectos en la inversión de la piedad objetiva, sino también en otro efecto pernicioso: el arqueologismo litúrgico, condenado por Pio XII en estos últmos tiempos. Por este medio el voluntarista tiende a mover su piedad en torno a un objeto (es imposible evitar la intencionalidad objetiva de nuestra mente) y evitar el relativismo por la voluntad de asumir lo pasado como la norma suprema. Es un salvavidas que le evita caer en el caos litúrgico, puesto que es piadoso y aprecia la liturgia, sólo que no logra evitar que introduzca más caos sobre lo que ya de por sí su actitud inmanente ha hecho ya caótico por prescindir de su objeto.
Pensemos por ejemplo en quien pierde el sentido objetivo del latín en la piedad litúrgica. La liturgia en lengua latína pasa a ser un caos. Algo inasumible, que no entiende y que le aleja del misterio. La solución es la vuelta arqueologista: los apóstoles hablaban la lengua de las comunidades a las que se dirigían, luego la liturgia más excelsa no necesita de lenguas sagradas, que vienen a ser un añadido posterior que le quita toda la riqueza y profundidad con la que se vivía en las primeras comunidades. Toda la tradición multisecular de la Iglesia cae con esta simple afirmación de apegarse a lo arqueológico. Incluso se prescinde del valor simbólico de las tres lenguas sagradas en el título de la cruz (arameo, griego y latín) sobre el sacrificio que da origen a toda liturgia. Pero el voluntarista queda contento porque ahora ha encontrado un orden en su caos. Apliquemos a esta solución arqueologista el principio de inversión de la piedad objetiva que hace del interior del sujeto la expresión litúrgica fundamental y es perfectamente comprensible (aunque no asumible) que el magisterio no haga sino ceder y ceder ad experimentum pues el objeto ya es sólo mera cosa secundaria mientras la experiencia vital del sujeto que cambia de un objeto a otro es lo que cuenta, aunque no sepa ya ni sobre qué cosa está cambiando.
Como muestra final de otro tipo de voluntarismo que busca huir del caos de su inamnencia puedo poner el sujeto de las citas del ejemplo anterior sobre el sagrario. Digamos que es de los muchos que mantienen que el comulgar de rodillas allí donde se pide comulgar de pie es una falta de delicadeza con el Señor por la desobediencia con la que se comulga. El voluntarismo que se vierte en obediencia acaba imponiendo finalmente también su "voluntad de poder" sobre la piedad objetiva de los fieles católicos. Y así no es de extrañar que toda una comunidad decida algún día que nadie puede estar de rodillas como expresión sublime de un nuevo voluntarismo litúrgico que se erige en objeto de sí mismo cuando ya se ha olvidado el objeto real: la Tradición de la Iglesia que ha visto en el arrodillarse la expresión genuina de la adoración de Cristo que viene a nosotros, según aquella expresión de San Pio X, "lo que se espera se recibe de pie, pero lo que ya se tiene se recibe de rodillas".Gracias a Dios, el tema de impedir arrodillarse es tan flagrante que hasta ahí la Santa Sede no ha llegado por el momento, aunque a punto estuvo. Me pregunto que pasaría si alguien de los neocatecumenales decidiera ponerse de rodillas para comulgar siempre. ¿Pasaría los escrutinios? Esa es otra cuestión que se podrá analizar una vez conozcamos toda la doctrina que se enseña en el camino. De momento es un arcano (otra forma de arqueologismo).
M.D.
Nota: corregido el principio pues por error en la edición no salía el refrán "una imagen vale más que mil palabras" que originariamente iba incluído en el título.
Nota: corregido el principio pues por error en la edición no salía el refrán "una imagen vale más que mil palabras" que originariamente iba incluído en el título.




